Friday, May 12, 2017

Mucha religiosidad, pero poca vergüenza. Esa es la conclusión que cualquier ciudadano de bien puede sacar del perfil de Marta Ferrusola Lladós, que durante muchos años se consideró la ‘primera dama’ de Cataluña y a la que no le dolían prendas en regañar en público a su marido, el entonces todopoderoso Jordi Pujol, o a los dirigentes de CiU, a los que daba lecciones de moralidad y de patriotismo.
Marta Ferrusola es el ánima de la familia Pujol. Ella se encargó de la educación de sus hijos, les inculcó el amor por el dinero y les instruyó en el noble arte de hacer dinero a espuertas en nombre de la patria. El mal llamado clan Pujol es, en realidad, el clan Ferrusola, y los últimos descubrimientos así lo constatan: una nota manuscrita de Marta Ferrusola, desvelada ayer por El Confidencial, es hilarante, si no fuese porque esconde una incómoda verdad: la Ferrusola se autoapodaba la ‘madre superiora de la congregación’, daba órdenes de cómo mover el dinero en paraísos fiscales y a los ‘milloncejos’ de pesetas los llamaba ‘misales’.
El juez José de la Mata, en un auto fechado el 30 de diciembre de 2015, destacaba que había dos escritos manuscritos fundamentales entre los ‘papeles de Andorra’: el primero era una nota de Jordi Pujol Ferrusola, en la que el mismo día que abría una cuenta con 307 millones de pesetas (más de 1,8 millones de euros), en el año 2000, explicaba que él no era dueño de los fondos de la misma, sino que el titular real era Jordi Pujol i Soley, a la sazón presidente de la Generalitat. El otro era del propio ‘president’. Estaba fechado en mayo de 2001 y en él afirmaba que era propietario de la cuenta 63810 y que, en caso de defunción, esa cuenta debía pasar a Marta Ferrusola Lladós.
Ahora ha aparecido otro papel nuevo: el manuscrito de la matriarca, Marta Ferrusola, en el que se arroga el papel de ‘madre superiora de la congregación’. No desentona ese cargo con su profunda religiosidad. Los Pujol siempre han sido de iglesia y misa, muy vinculados al cristianismo patrio, aunque más patrio que cristiano.
Pero si algo tiene Marta Ferrusola, aparte de carisma, es una infinita fortaleza interna para negarlo todo, hasta lo más evidente. En su comparecencia ante la comisión parlamentaria de investigación del fraude y la corrupción, pronunció una frase que quedó marcada a fuego en la memoria colectiva de Cataluña. “Si no tenim ni cinc” (‘Si no tenemos ni un duro’), contestaba con cara de ancianita buena al diputado ecosocialista Marc Vidal. Meses antes, había legalizado las cuentas secretas millonarias que toda la familia tenía en Andorra. Y un minuto después le volvía a insistir en que “vamos con una mano delante y otra detrás”. Claro que debía ser para que no cayesen al suelo los billetes de las alforjas. Y negaba con vehemencia que tuviese cuentas en el paraíso fiscal pirenaico.

Los tres mantras de la madre superiora

La nota manuscrita desvelada ahora data de diciembre de 1995, lo que denota que ya entonces manejaba las finanzas del clan, mientras algunos de sus hijos apenas sobrepasaban el umbral de la pubertad y no sabían todavía volar por su cuenta fuera del amparo de sus padres.
Marta Ferrusola los educó en una férrea disciplina nacionalista con ribetes de xenofobia, de autosuficiencia y de complejo de superioridad. Por eso, por su 'modus operandi', la familia ha de ser vista más como clan Ferrusola que clan Pujol . Y es que hay tres cosas intocables para esta dama de hierro: su familia, su Cataluña y su bolsillo.
La matriarca navegó en las procelosas aguas de la política. En 1991, una estudiada estrategia de Marta Ferrusola, a la que secundaba su hijo Jordi Pujol Ferrusola (que frecuentaba algunos círculos de activistas muy vinculados a Convergència Democràtica de Catalunya), provocó la defenestración de Miquel Roca i Junyent, entonces número dos de Jordi Pujol. La importancia de la operación radicaba en que un nuevo grupo de ‘patriotas’ se iba a hacer cargo de las finanzas de Convergència. Algunas de las reuniones premilitares del ‘golpe de despacho’ contra Roca se celebraron en el despacho de Rafael Español, presidente de La Seda (empresa en cuyo consejo de administración se sentaban como premio destacados líderes políticos, especialmente vinculados a CDC, en el que estuvo incluso Jordi Pujol Ferrusola que, aparte, facturaba cantidades millonarias a la compañía química), y participaron algunos de los nombres que se sentaron en puestos clave cerca de Jordi Pujol: Joan Maria Pujals (consejero de Cultura), Francesc Xavier Marimon (consejero de Agricultura, a quien Jordi Pujol Ferrusola llegó a ofrecer el cargo de delegado de la Generalitat en Madrid) o Antoni Comas (consejero de Bienestar Social y pariente de Pujol). Todos ellos tuvieron que pasar el filtro de Ferrusola para sentarse en el Gobierno catalán. ¿Eran nacionalisats y católicos? ¿Y además amigos de sus hijos? Pues cargo asegurado.
El grupo logró apartar a Roca del control de las finanzas de Convergència y a partir de ahí comenzó una nueva etapa en el devenir económico y político de Cataluña, con la familia Pujol Ferrusola controlando todos los resortes de poder, tanto en la política como en la economía, puesto que esta se supeditaba a los designios del gobernante debido a las onerosas adjudicaciones públicas realizadas desde la Generalitat.

Un Gobierno vampirizado

Marta Ferrusola no ha escondido nunca su ideario. No le gustan los extranjeros, no le gusta que se ataque a Cataluña y no le gustó que José Montilla fuese presidente de la Generalitat porque tenía apellido español y no hablaba catalán a su gusto. Responsable de la sectorial de deportes de CDC, Marta Ferrusola siempre hizo negocios al calor del Gobierno autonómico. Por ser la esposa de quien era, logró varios contratos con las consejerías de Presidencia, Economía, Gobernación y Medio Ambiente de la Generalitat, que ella siempre negó hasta que aparecieron los documentos cuando llegó el Tripartito al Gobierno. Solo del departamento de su marido cobraba 18.000 euros al año, aunque ante el Parlamento afirmó que solo había tenido una relación con la Generalitat: había llevado plantas al despacho de su marido… como regalo, claro.

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