Monday, May 01, 2017

Coín

No es Mosul...es Coín

La batalla contra los 'yihadistas' en un pueblo abandonado de Málaga es... un juego. Se llama 'airsoft', comenzó en Japón y en España lo practican 10.000 aficionados
Asistimos a la 'operación Al-Ándalus'. Entre los 200 combatientes hay albañiles, una enfermera y muchos parados, que pagan por cabeza 20 euros por un día de tiros
Hay vidas en peligro, depósitos de armas, yihadistas con ganas de morir matando y unos americanos que quieren dejar claro quién manda en la Zona Verde de Bagdad, el barrio de la capital de Irak que se convirtió en un búnker de Estados Unidos. Los combatientes se esconden en unas edificaciones abandonadas, se tiran en un manto de agujas de pino, protegen la torre de comunicaciones. Otros proceden a un registro de insurgentes.
La mayoría va armada con un M4, el fusil de asalto de la Infantería de EEUU. Los americanos tienen misiones claras: interrogar a los que parecen miembros de una célula terrorista, localizar un zulo con armas y evitar que los cambien la ubicación. Luego habrá que dar con el cabecilla y acabar con el centro de comunicaciones del llamado Estado Islámico (IS). Además, el cuidado debe ser máximo para no acabar con las vidas de los civiles que los islamistas mantienen secuestrados para adoctrinarlos. Tienen 12 horas por delante.
Entre los americanos se puede ver a algunos Navy Seal, el cuerpo de élite que asaltó la casa de Osama Bin Laden en Pakistán para matarle. Estos hombres también han estado en Afganistán, en lucha contra los talibanes, se han fajado con narcos colombianos y con mafiosos de la Camorra, en colaboración con las fuerzas italianas.
Pero el domingo pasado se trataba de liberar parte de la Zona Verde de Bagdad. Ellos sirven para todo. Meses antes, habían tenido que quitarle al IS el control de una zona de Andalucía, en la llamada operación Al-Ándalus. Entonces era todo incluso más real, porque estamos en un espectacular pinar de Coín, Málaga, en un pueblo abandonado que fue el decorado de la serie de Canal Sur Arrayán. La misión cuesta 20 euros. Es un juego de airsoft con guión, atrezo y figurantes. Los 200 combatientes están en La Ciudad del airsoft, uno de los escenarios más apreciados del país para los 10.000 aficionados a este tipo de juego que comenzó en Japón como entrenamiento militar.

Lo que más gusta

El combate "americanos-yihadistas" es lo más demandado en el mercado. Por eso, a Isidro Torres Molina, guionista de Rotack, la empresa que pone el guión y el atrezo a la partida, hay veces que le gusta más dar forma a un combate donde habrá cumbre de la Camorra italiana, con jugadores ataviados con traje y corbata para variar. "Cuando me empezaron a aburrir las partidas normales, empecé con los guiones. Me permite ser creativo, echar imaginación y montar una película", explica Isidro.
Iván Rodríguez, electricista en paro de Algeciras, lo corrobora: "Cuando estamos llegando, ya les digo a los del coche que se metan en su papel". Su club es el Total Airsoft Combat (TAC), son 13 y hay "albañiles, reponedores de supermercado o una enfermera". Cada vez hay más mujeres. "El otro día estuvo la mujer de un guardia civil y dice que le ayudó a liberar el estrés de los niños", cuenta Iván. "También juegan musulmanes. Y chinos que viven aquí", añade este apasionado de un juego que exige cierta forma física si se va a participar en una simulación militar de 24 horas.
"Gustan mucho, y si está lloviendo, con viento y frío, mejor todavía", dice Jonatan Orwall Balaguer, mitad sueco mitad catalán, concesionario del espacio en el que se combate todos los fines de semana.
¿No es una frivolidad simular algo en lo que está habiendo muertes de verdad? "Es un juego. Es ficción. Es como jugar en el ordenador, pero en un escenario real", responde Isidro. Él, Iván Rodríguez y Gorka Zamarreño, profesor de periodismo en Málaga y combatiente habitual, están de acuerdo en que se busca la camaradería, "la identidad del grupo" y los uniformes. Añaden los tres, por separado, que el airsoft es un juego de honor donde no se toleran las faltas de respeto. Alguna vez, sin embargo, han tenido que pedir a jugadores que eliminaran de las redes fotos en las que, por diversión, simulan degollaciones de rehenes. Zamarreño, que acude a jugar a veces con alumnos de la universidad, admite que se siente "más cómodo en partidas sin guiones".
Los jugadores llegan de toda Andalucía, la región donde hay más ambiente. Eligen bando y se disfrazan siguiendo las instrucciones de los organizadores, que cubren las 200 plazas en pocas horas. La insurgencia es un poco más variada: "La uniformidad de este bando podrá llevar ropas islamistas mezcladas con ropa militar, nunca podrán vestir uniforme militar completo; obligatorio el uso de sombrero pakol, gorro islámico de oración, pañuelo palestino o nada en la cabeza; también podrán vestir túnicas y ropa de civil islamista completa, sin necesidad de llevar una prenda militar, pero para esta opción tendrá que ser ropa islámica".
Para orientar, en el muro de Facebook, fotos de islamistas de verdad. Los militares lo tienen más sencillo: uniforme del Ejército americano que se prefiere al español sólo porque es más variado, según explica Isidro. Los parches pueden ser banderas españolas o escudos del Betis, que de todo hay.
También partidas que simulan la Segunda Guerra Mundial. "Hay quien prefiere ir de nazi. Por los uniformes, por ejemplo. Pero para nada comparten la ideología", dice el electricista de Algeciras, al que, en Coín, la Bagdad simulada, le conocen como Liayon. Isidro le suele escoger a él para que se ponga al mando del grupo. Es la película de 12 horas que se han montado por 20 euros.

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