Friday, March 03, 2017

Software de JPMorgan reduce a segundos 360.000 horas de abogados

Reuters
Washington_

En JPMorgan Chase & Co., una máquina de aprendizaje analiza acuerdos financieros que alguna vez mantuvieron ocupados a los equipos legales por miles de horas.

El programa, llamado Coin, por Contract Intelligence, realiza la abrumadora tarea de interpretar acuerdos de créditos comerciales que, hasta que el proyecto se puso en marcha en junio, consumían 360.000 horas al año del tiempo de los abogados. El software revisa documentos en segundos, es menos propenso a errores y nunca pide vacaciones.
Si bien el sector financiero ha promovido por mucho tiempo sus innovaciones tecnológicas, una nueva era de automatización avanza a toda máquina a medida que la potencia computacional barata converge con los temores de perder clientes a manos de startups. Posible gracias a inversiones en aprendizaje automático y una nueva red privada en nube, Coin es solo el comienzo para los mayores bancos de Estados Unidos. La firma recientemente formó centros tecnológicos para equipos especializado en big data, robótica e infraestructura de nube con el fin hallar nuevas fuentes de ingresos, al tiempo que reduce gastos y riesgos.
La iniciativa para automatizar labores mundanas y crear nuevas herramientas para banqueros y clientes --parte creciente del presupuesto tecnológico de US$9.600 millones de la firma-- es un tema clave conforme la compañía celebra su día anual del inversor el martes.
Detrás de la estrategia, supervisada por el director de operaciones Matt Zames y la directora de TI Dana Deasy, hay un trasfondo de ansiedad: si bien JPMorgan salió de la crisis financiera como uno de los pocos grandes ganadores, su dominio está en riesgo a menos que busque agresivamente nuevas tecnologías, según entrevistas a media docena de ejecutivos bancarios.
Software redundante
Ese fue el mensaje que Zames tenía para Deasy cuando se unió a la firma tras dejar BP Plc a fines de 2013. Los sistemas internos del banco neoyorquino, una amalgama de décadas de fusiones, tenían demasiados programas de software redundantes que no trabajaban juntos a la perfección.
“Matt dijo: ‘Recuerda esto en primer lugar: tenemos que ser desde todo punto de vista los líderes en tecnología para servicios financieros’”, dijo Deasy la semana pasada en una entrevista. “Todo lo que hemos hecho desde ese día viene de esa reunión”.
Tras visitar compañías como Apple Inc. y Facebook Inc. hace tres años para entender cómo trabajaban sus desarrolladores, el banco se propuso crear su propia nube computacional llamada Gaia, que se puso en marcha el año pasado. Con una capacidad ilimitada, el sistema ya ayuda al banco a automatizar algunas actividades de codificación y hace que sus 20.000 desarrolladores sean más productivos, lo que genera ahorros de dinero, dijo Zames. De ser necesario, la firma también puede recurrir a servicios de nube externos de Amazon.com Inc., Microsoft Corp. e International Business Machines Corp.
Gasto en tecnología
El presupuesto total de tecnología de JPMorgan para este año corresponde al 9 por ciento de su ingreso proyectado, el doble del promedio del sector, según la analista de Morgan Stanley Betsy Graseck. La cifra en dólares ha subido a medida que JPMorgan impulsa las defensas cibernéticas después de una violación de datos de 2014, que expuso la información de 83 millones de clientes.
“Hemos invertido fuertemente en tecnología y marketing, y estamos viendo sólidos retornos”, dijo JPMorgan en una presentación el martes antes de su día del inversor, destacando que el gasto en tecnología en su división de banca de consumo totalizó cerca de US$1.000 millones en los últimos dos años.
Un tercio del presupuesto es para nuevas iniciativas, cifra que Zames quiere que alcance al 40 % dentro de algunos años. El ejecutivo espera que los ahorros generados por la automatización y el retiro de tecnología antigua le permitan inyectar aún más dinero en innovaciones.
Coin ha ayudado a JPMorgan a reducir los errores en servicio de crédito, la mayoría de los cuales provenía de errores humanos en la interpretación de 12.000 nuevos contratos mayoristas al año, según sus diseñadores.
“Estamos comenzando a ver los frutos reales de nuestra labor”, dijo Zames. “Esta no es una promesa vacía”.

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