Sunday, February 19, 2017

Los sumerios y la astronomía (cont.)

La astronomía está considerada como la ciencia más antigua de todas. Los sumerios, a partir de la observación de su entorno, desarrollaron una visión del universo. Pensaban que la tierra flotaba en el centro de un gran mar llamado Nammu. Nammu era el origen de la creación. De él salieron los peces, las fieras, el cielo y la tierra. Un buen día, cielo y tierra se separaron. Por un lado, el cielo se encarnó en el Dios An, y la tierra en la diosa Ki. Ambos fecundaron un hijo llamado Entil, que fue el responsable de la atmósfera, del viento y de la tormenta.
Todo esto tenía lugar dentro de una gran cúpula de latón. En la base se encontraba el gran mar. En el medio, estaba flotando la tierra, plana por supuesto. En el Este y el Oeste había cadenas montañosas, por detrás de las cuales salían y se ponían el Sol y la Luna. Debajo de la tierra había un submundo donde iban a parar las almas de los muertos, algo así como el infierno.


El estudio del cielo celeste les llevó a pensar que la cúpula de latón no era única. Veían que, al fondo del todo, había una serie de puntitos de luz que no se movían. Pensaron que todas estas estrellas debían estar en una capa muy lejana. En otra más próxima se encontraban una serie de estrellas que se movían con independencia de los elementos ubicados en cúpulas del fondo. Se trataba de los planetas. Los sumerios fueron los primeros en identificar que había “estrellas errantes” que, durante todo el año avanzaban en una dirección pero, durante algún tiempo, deshacían el camino andado y retrocedían (movimiento retrógrado). En cúpulas más cercadas a nosotros estaban el Sol y la Luna.
Un hecho curioso es que, aunque descubrieron cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) no consiguieron identificar que los dos planetas interiores aparecían tanto por la mañana como por la noche. De hecho, pensaron que eran diferentes según el momento en el que apareciesen.
El estudio del movimiento de los cuerpos celestes les ayudó a definir la eclíptica, que es la ruta que sigue el Sol a lo largo del firmamento. Gracias a este movimiento desarrollaron un calendario solar, que se dividía en dos estaciones: verano e invierno. El verano empezaba en el equinoccio de primavera y el invierno en el de otoño. El día de Año Nuevo, uno de los más importantes para esta civilización, tenía lugar en el equinoccio de primavera.
También crearon un calendario lunar. Gracias a él, asignaron 12 meses al año. Y, para ajustar este calendario con el solar, añadían un mes extra cada cuatro años. Prestaron especial atención al estudio de la Luna, llegando incluso a predecir cuándo tendrían lugar los eclipses.
Mucha gente piensa que el origen de las constelaciones a la debemos al pueblo griego. En realidad, fueron los sumerios quienes dividieron la eclíptica en 12 partes, y asignaron un símbolo a cada una de ellas.
Los primeros mapas celestes también corrieron a cargo del pueblo sumerio y bautizaron las estrellas más brillantes del firmamento.

Esta civilización es una de las más antiguas que se conocen y aún así destacaron en aritmética, geometría y álgebra. Desarrollaron tablas de multiplicar, se han descubierto textos en los que se plantean ejercicios geométricos y hasta divisiones. También ellos les debemos la creación del ábaco y las magnitudes. Era tal su dominio de las matemáticas que asignaron 360° a la circunferencia y dividieron el día en 24 horas. Cada hora la dividieron en 60 minutos y cada minuto en 60 segundos.

Como ves, este pueblo tan avanzado asentó las bases de la cultura clásica. Pueblos como los Babilonios, Egipcios o Griegos tomaron parte de sus conocimientos. Y muchos de ellos han llegado hasta nosotros, 6000 años más tarde.

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