Thursday, January 12, 2017

Una lección para 'Masterchef Junior': "Es sólo cocina, no es cuestión de vida o muerte"


"No te preocupes amor, con todo lo que has conseguido siendo tan pequeño tendrías que estar muy orgulloso. ¡Eres Increíble!". No es una declaración de amor, ni el mensaje de una madre a su pequeño, ni las palabras de un padre tras perder su hija un partido de fútbol... Es el mensaje que la cuenta de Twitter de 'Masterchef' envió al protagonista televisivo de las semana, el pequeño Jefferson.

Jefferson fue expulsado de 'Masterchef Junior' este martes protagonizando uno de los momentos más lacrimógenos de los últimos años en la pequeña pantalla. Su disgusto por un plato no tan bueno como esperaba, sus lágrimas, su emoción al reencontrarse con su abuelo, las palabras de éste, las de Samantha Vallejo-Nájera... hicieron despertar en mí una pregunta que me llevaba tiempo rondando.
¿Es necesario hacer pasar a niños tan pequeños por esto? Y no lo digo yo, se lo dijeron los propios miembros del programa, que al verle con tal disgusto le intentaron recordar que a este programa venía uno a pasárselo bien y no a sufrir.
Sin embargo, ver a un niño de 8 años, que por cierto ha sido la alegría y el ejemplo a seguir de esta edición, con tal disgusto, me hace replantearme si en este afán por convertir a los niños en adultos antes incluso de que pierdan los dientes de leches es necesario y, sobre todo, si es correcto.

'Masterchef Junior' es la versión infantil del famoso concurso de cocina. Aunque el ambiente, las pruebas, los escenarios y el trato del jurado es más relajado que con los adultos, la presión a la que se somete a los pequeños es igual, pero con niños.
Las lágrimas de Jefferson y su disgusto, aunque todos sabemos que le duró poco y que fue el momento, son la picota de muchas más lágrimas y de muchos más disgustos. Es raro que alguno de los niños que han participado en cualquiera de las ediciones no haya llorado o no haya explotado por la presión, la frustración o la impotencia. Recuerdo a Kaitin, que lideró uno de los equipos durante una prueba, llorando desconsolada porque los platos no salían y no llegaban a servir a decenas de comensales. Y como esto, decenas.
Los niños tienen que crear su historia y esa historia no puede ser la 'vie en rose'. Tiene que haber baches, tienen que saber salir de ellos, tienen que llorar, tienen que descubrir que el mundo es cruel, doloroso y, en muchas ocasiones, más de las que me gustaría, terrorífico. Pero, creo que tienen que descubrirlo por sí solos, no por situaciones provocadas, ni por concursos que les tratan muchas veces como adultos, cuando, sí, son niños increíbles, pero son niños. Que nunca se nos olvide.

La revista 'Papel' publica un reportaje que me viene al pelo, 'Niños mimados, adultos débiles: llega la 'generación blandita'', en el que un grupo de expertos aboga por endurecer el carácter de los pequeños y no mimarlos tanto. Totalmente de acuerdo, pero que ello no pase por sufrir por sufrir, por frustrar por frustrar, por tensar por tensar...
Empezando porque el programa se supone que es para niños, pero se emite en un horario imposible de mantener para los más pequeños que al día siguiente tienen colegio, e incluso para sus padres. El programa se emite los martes a las 22.40 horas y dura más de dos horas. Haced el cálculo. Imposible. Los niños no lo ven a no ser que sea en las reposiciones de Clan o del fin de semana. Es decir, es un programa de niños pero no para niños.
Lo cierto es que los programas de niños gustan a pequeños, a mayores y a más mayores. La inocencia, la gracia, la sinceridad y, por supuesto, el sufrimiento al que se enfrentan los niños que participan en concursos de este tipo, vende. No nos engañemos es un buen negocio, da audiencia, gusta...
Sin embargo, cuando ves a Jefferson entre lágrimas, acongojado, emocionado hasta las trancas, colorado por el sofocón, a mí se me parte el alma y pienso, y repito ¿por qué?
La expulsión de Jefferson se convirtió en uno de los temas más comentados en las redes. Rompió el corazón de buena parte de los seguidores del programa, provocó una oleada de apoyos y buenas palabras hacia un niño que no podía dejar de llorar porque "había defraudado" a su abuelo. Se me parte el alma, y lo que no es el alma.
La cara del abuelo aguantando el tirón mientras su nieto se restregaba las lágrimas y los moquetes con la manga, ¿de verdad era necesario? ¿De verdad Jefferson y el abuelo tenían que pasar por eso? No me voy a cansar de preguntármelo y sigo sin hallar respuesta, porque si Jefferson está ahí -como el resto de concursantes- es porque él quiere, porque él cree que puede con ello, porque él se ve fuerte.
Y porque, aunque dude de lo positivo de ver a niños tan pequeños sometidos a tanta tensión en modo olla exprés, con ellos también se aprende, sobre todo los mayores. Llorar no es malo, disgustarse tampoco, vencer los miedos y los fracasos mucho menos. Las dudas me invaden.

Me quedo con la lección que me dio el abuelo de Jefferson y que como el martes decían mucho tuiteros es la lección que todo abuelo debería dar a su nieto: "No te preocupes, es sólo cocina. No es cuestión de vida o muerte (...) Nunca rendirse, con la barbilla bien alta"

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