Monday, December 19, 2016

El Caballero Bayardo

El Caballero Bayardo

El Caballero Bayardo

El Caballero Bayardo fue uno de los más grandes héroes de Francia. Su valor era tan proverbial que se lo conoce como “El caballero sin miedo y sin tacha”, o como “El buen caballero”. El Señor de Bayard se llamaba Pierre du Terrail, y había nacido hacia 1476 en Château Bayard, cerca de la ciudad de Grenoble.

Como procedía de una familia de guerreros del Delfinado que habían rendido extraordinarios servicios a su país durante la guerra de los Cien Años, no se esperaba de él otra cosa que no fuera elegir la profesión de las armas. Para ello el primer paso era convertirse en paje, y como tal entró a servir en la Casa del duque de Saboya.

Pierre ya apuntaba maneras desde el principio. Era guapo, alto, esbelto, de ojos y cabello negro, tez bronceada y perfil aguileño. Su carácter era alegre, generoso hasta el exceso —lo que hacía que siempre tuviera el bolsillo vacío—, sobresalía como jinete y en el manejo de la espada, y estaba, enfin, adornado con tantas cualidades que no tardó en hacerse amar por toda la corte.

Un día el duque, que iba a visitar al rey Carlos VIII, decidió que nada podría agradar más a su soberano que recibir como regalo a su paje. El rey, en efecto, quedó encantado con Bayardo y lo colocó en el palacio de su favorito Luis de Luxemburgo, Señor de Ligny.


Un día se celebró un torneo en honor del rey Carlos y de las damas de la corte. Según costumbre de la época, los hombres que deseaban luchar colgaban los escudos en los árboles próximos al lugar donde se celebraría el torneo, a modo de desafío. Aquel que deseara aceptar el reto, debía golpear el escudo con su lanza o espada. Claude de Vaudré, que era el campeón de Francia, colgó el suyo. Entre aquellos que lo golpearon se encontraba Pierre. Montjoy, el rey de armas, se rió de tamaña osadía cuando anotó su nombre entre los participantes en el torneo. Pero ¡ay!, no había razón para ello: finalmente fue él quien ganó el premio. Había conseguido derrotar al campeón.

En otra ocasión, cuando ya su fama hubo traspasado fronteras, fue él quien colgó su escudo, y 48 caballeros aceptaron el reto. Bayardo los derrotó uno a uno.

Pero también tuvo oportunidad de demostrar su valía en una verdadera guerra: el rey de Francia, Carlos VIII, invadió Italia, y los Estados italianos formaron una liga contra él. Los franceses ganaron la batalla en Fornovo, a pesar de que el ejército enemigo era mucho más numeroso. El campeón ese día fue nuevamente Bayardo. El enemigo había matado a dos de sus caballos, su espada se había partido y la cota de mallas estaba destrozada, pero a pesar de todo había logrado apoderarse del estandarte real de Nápoles. Allí mismo, sobre el campo de batalla, el rey le armó caballero.

Carlos VIII

Carlos VIII falleció al poco tiempo, pero el nuevo monarca, Luis XII, continuó la lucha en Italia. Cruzó los Alpes y capturó Milán, aunque la plaza fue pronto recuperada por los Sforza. Un día acampaban 300 hombres de Sforza junto a la ciudad cuando Bayardo, con sólo 50 de los suyos, los atacó. Tras una encarnizada lucha, los italianos huyeron al galope para refugiarse en el interior de las murallas. Bayardo, suponiendo que sus camaradas le seguían de cerca, partió en su persecución hasta el interior de la ciudad, blandiendo su espada desnuda y profiriendo su grito de guerra: “¡Francia!”. Al llegar a la plaza ante el palacio de los Sforza fue rodeado por el enemigo, reducido y hecho prisionero. Cuando Sforza se enteró, pidió que lo llevaran a su presencia para oír lo que tenía que decir. El duque, impresionado, le concedió la libertad sin pedir rescate alguno por él, y se ofreció, además, a concederle cualquier merced que le solicitara. Bayardo respondió con palabras de gratitud, pero sólo quiso reclamar su caballo y su armadura.

Algún tiempo después de este episodio combatió contra España en suelo italiano. Durante una escaramuza con un grupo de soldados españoles, Bayardo hizo prisionero al capitán Alonso de Sotomayor. El capitán, después de ser liberado a cambio de un rescate, acusó a Bayardo de no haberle tratado conforme a los usos de la caballería. El francés, indignado, negó la acusación y retó a Alonso a un combate a muerte en el que es español perdió la vida.

Luis XII

Sus camaradas, para adoptar represalias, propusieron que un grupo de 13 de sus caballeros se enfrentara a 13 franceses, armados con espada y hacha y dispuestos a luchar hasta la muerte. Bayardo aceptó, y el día del torneo los españoles llevaban clara ventaja, habiendo logrado desmontar con facilidad a 11 de los franceses, que, según las reglas, de ese modo no podían seguir luchando. Pero aún quedaban dos, y uno de ellos era Bayardo. Al final el combate quedó en tablas, porque cayó la noche y hubo que darlo por finalizado. El caballero había sido capaz de resistir durante horas contra una mayoría de contrincantes sin que lograran derribarlo.

Pero el episodio que más fama dio al caballero Bayardo llegó poco después a orillas del Garellano

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