Thursday, December 15, 2016

El ángel de carne y hueso que apareció en la tragedia de Chapecoense

Alt chapecoense Niño angel
Los cuerpos y las partes del avión se encontraban por todos lados. En medio de la espesa vegetación y de la noche, apenas se podía ver algo de aquel desastre. Los rescatistas que fueron llegando de a poco intentaban salvar las vidas de la inmensa comitiva del Chapecoense, pero era más difícil de lo que esperaban. Entonces, entre la oscuridad apareció un niño, un pequeño que ayudó a los rescatistas, brindó atención a los heridos y desapareció después sin dejar rastro alguno. KienyKe.com habló con él.
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Muchos dijeron que aquella figura en forma de niño era un fantasma, otros, que era un ángel enviado por Dios a las montañas para salvar la vida de los futbolistas y periodistas. La verdad es que se llama Johan Alex Ramírez, un niño humilde que trabaja junto a su padre, Miguel, cultivando la tierra. Acaba de terminar de cursar noveno grado en una pequeña institución educativa y sueña con ir a la universidad.
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Tal fue su heroísmo que, cuando Julio G. Bitelli, Embajador de Brasil en Colombia, anunció que este viernes 16 de diciembre le daría una condecoración a Luis Pérez Gutiérrez, Gobernador de Antioquia, por la atención que los antioqueños brindaron al accidente, el mandatario pidió expresamente que éste lo le fuera entregado a él sino a aquel ‘Niño Ángel’, ese pequeño héroe que extendió su mano sin pedir nada a cambio:
“Quiero pedirle, Excelentísimo Señor Embajador, que la condecoración otorgada la reciba en nombre de todo el pueblo antioqueño , el niño Johan Alex Ramírez, quien esa noche colaboró oportuna y eficazmente en las tareas de rescate”, explicó Pérez Gutiérrez en una carta, y añadió: “Ese homenaje es para los antioqueños y Johan Alex representa a Antioquia, a las autoridades, a los equipos de rescate y al cuerpo médico”.

La noche del accidente del Chapecoense

alt chapecoense avión
Johan estaba en un modesto cambuche de tabla y plástico en el que descansa cada noche que pasa con su papá en medio del campo. Allí permanece entre tres y cuatro días a la semana en vacaciones, y solo los sábados cuando está estudiando.
Vive en una vereda del municipio La Ceja, pero debe estar en el cambuche que don Miguel hizo, ya que los cultivos de la familia están a una hora de su casa. Allí, lejos de Miriam, su mamá y de Jessica, su pequeña hermana de seis años para ayudar a su papá en los cultivos de fríjol, arveja y tomate.
El 28 de noviembre, en medio de una de esas noches en la improvisada edificación, mientras Johan veía televisión con su papá, un terrible estruendo “que movió hasta el baño” se escuchó a las 9:54 p.m.
Aunque al principio no prestaron mayor atención a lo sucedido, después pudieron constatar por el noticiero que se trataba del vuelo 2933 de la aerolínea Lamia, el cual transportaba a todos los jugadores del equipo Chapecoense de Brasil, que se dirigía a disputar la final de la Copa Suramericana en Medellín.
“Cuando vimos la noticia en los medios, nunca pensamos que era tan cerca. Como a los diez minutos empezaron a llegar los bomberos, la policía y las ambulancias. Alguien comenzó a gritar ‘¡Encontramos a uno, encontramos a otro!’ Mi papá se levantó, me miró y me dijo que saliera y de inmediato nos fuimos”, cuenta Johan, que todavía no supera la sorpresa de esa noche.
A sus escasos 15 años, habla con temple y firmeza. Su edad no le significó impedimento, ni su estatura un limitante. Al llegar al lugar, solo a cuatro minutos del cambuche, levantó su voz más alto que las demás y rápidamente se puso manos a la obra, dio indicaciones y no tuvo reparos en untarse las manos con tierra, lodo y sangre.
La tragedia despertó en él una fortaleza que no creyó tener, pero que fue suficiente para elevarlo al estatus de héroe. Y es que posiblemente de no haber apoyado el rescate, hoy estaríamos contando más víctimas: “Cuando llegué, todo estaba peor de lo que me imaginé. El avión estaba totalmente destrozado, mucha gente tirada, los cuerpos regados por todas partes llenos de sangre. Fue muy impactante y me sentí muy mal. Pero no había tiempo de llorar y lo único que podía hacer era ayudar a toda costa”.
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Cuando llegó, los rescatistas acababan de encontrar con vida al defensa Alan Ruschel. Estaba apenas consciente, muy golpeado, con graves heridas, y con su ropa sucia y rota. En medio del alboroto, ni siquiera se preguntaron quién era ese joven campesino rubio que miraba e intentaba ayudar haciendo señas.
“¡Un machete!”, gritó un bombero, y Johan salió corriendo por uno. Al estar de vuelta, pudo ver cómo utilizaban la hoja para abrirse paso en medio de la selva, pero era inútil. Al ver esto, hizo lo posible por hacerse oír y explicar que había un camino más fácil y rápido. Prontamente, se dispuso a guiar al grupo que cargaba a Ruschel.
El tiempo era el peor enemigo, y este avanzaba más rápido de lo normal. La carrera por encontrar a más personas con vida era desesperante. Pero el dolor se sintió con mayor intensidad luego de intentar el rescate de una persona que alcanzaron a encontrar vivo. “Ya lo teníamos en la camilla y lo íbamos a sacar. Alcanzamos a andar unos quince metros y se nos murió desangrado, ahí, en nuestras manos”.
La frustración era evidente, pero no había tiempo para llorar. Enterrado entre los escombros estaba Jackson Follman. “Estaba muy aporreado y lleno de sangre”, cuenta Johan, que habla rápidamente para ocultar su voz quebrada cuando recuerda la imagen del arquero del Chapecoense, que días después perdería su pierna izquierda.
Mientras tanto, Miguel Ramírez, su papá, logró auxiliar al periodista Rafael Henzel y a la asistente de vuelo, Ximena Suárez. Ellos y los otros dos sobrevivientes fueron llevados por el sendero que Johan había señalado minutos antes.
Finalmente, el niño y su padre fueron sacados de la zona. Pocos sabían la monumental ayuda que brindaron, y la policía creyó que eran de los muchos curiosos que llegaron al lugar del desastre.
De vuelta en el pequeño cambuche, la adrenalina aun corría por su cuerpo. Estaba exhausto, pero era imposible pegar el ojo. La imagen de los restos del avión esparcidos por todos lados, cuerpos ensangrentados e implementos deportivos con el logo del Chapecoense se le venía a la mente. Pero hubo un pensamiento en especial que lo dejó sin habla: Unos cuantos grados de desviación y la aeronave hubiera caído inmisericorde sobre el cambuche en el que horas antes estaban viendo tranquilamente televisión.

Johan, el ‘Niño Ángel’

Aquel niño fantasma que apareció en la noche para ser el guía de los rescatistas, permaneció anónimo por un tiempo. Los bomberos y policías no sabían quién era ese joven, así que solo pudieron referirse a él como “un ángel”.
“Comenzaron a decir que era un ‘Niño Ángel’. Yo me siento muy bien. Me llena de orgullo que me tengan en un buen concepto, que me miren y me feliciten por haber ayudado”, explica en diálogo con este diario, pero su voz se entrecorta al recordar aquella horrenda escena. “Lo que en verdad me hace sentir muy bien es saber que pude ayudar a que esas seis personas hoy se encuentren con vida”.
Días después se supo su nombre: Johan Alex Ramírez, y desde ese momento no ha parado de recibir llamadas. Los periodistas se deleitan contando su historia, las autoridades regionales exaltaron su labor, su colegio, la Institución Educativa La Paz lo condecoró, y ahora, el Gobernador Luis Pérez solicitó que reciba a nombre del departamento de Antioquia el reconocimiento que será dado por la embajada de Brasil.
“Este niño es el símbolo de los antioqueños solidarios, nobles, trabajadores y serviciales”, dijo Pérez en su carta al embajador, reconociendo que sin este joven, el rescate hubiera sido imposible.
Aunque todos ven a Johan como un héroe, él continúa viéndose como un niño, un pequeño que corrió a ayudar cuando era necesario. Sueña con terminar su colegio, graduarse y entrar a estudiar Contaduría Pública, o Agronomía, para ayudar mejor a su padre en el campo.
Poco ha cambiado en este joven desde aquel 28 de noviembre, incluso su pasión por el fútbol se mantiene intacta. Nunca volvió a tener contacto con las personas que ayudó a salvar, pero mantiene el recuerdo de sus rostros intacto en su mente: “Siempre he sido hincha del Nacional, pero hoy puedo decir con orgullo que soy hincha del Chapecoense”.

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