Sunday, October 30, 2016

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Rajoy, investido presidente con un PSOE roto y un tercio de la Cámara contra el sistema

En el último trámite de la sesión de investidura el objetivo de los ataques de la mayoría de los partidos de la oposición no fue Rajoy, sino el PSOE y el propio marco constitucional

Foto: El presidente, Mariano Rajoy, durante la sesión de investidura. (Reuters)
El presidente, Mariano Rajoy, durante la sesión de investidura. (Reuters)
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Mariano Rajoy se suma a la lista de presidentes del Gobierno que logran repetir mandato, pero lo hace con la mayoría más exigua de la democracia, con el principal partido de la oposición destrozado y casi un tercio de la Cámara instalado en posiciones extremistas, o populistas de izquierda o separatistas. Con 170 votos a favor, uno más que los logrados por Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero en sus últimas investiduras, 111 en contra (Podemos, nacionalistas catalanes y vascos, PSC y rebeldes del PSOE) y 68 abstenciones socialistas, el presidente del PP se comprometió a buscar el acuerdo y el entendimiento. Y al mismo tiempo dejaba claro que si la oposición no le ayuda a gobernar o pretende gobernar en lugar del Ejecutivo, la legislatura será inviable.
Rajoy salió del Congreso reelegido a la segunda después de las elecciones del pasado 26 de junio con un reparto de fuerzas inédito en la Cámara desde los tiempos de la Transición. El PSOE, de entrada el principal grupo de la oposición más disminuido desde las Cortes constituyentes, se atomizó a la hora de votar entre los diputados fieles a las órdenes de abstención de su Comité Federal por un lado y 15 disidentes que mantuvieron su 'no' anunciado: las dos independientes díscolas, seis incondicionales de Pedro Sánchez y los siete miembros del PSC.

La desunión de los socialistas es el dato más negativo de la investidura para la estabilidad política y del Gobierno que prepara Rajoy porque del PSOE depende que la legislatura eche a andar. Su colaboración será imprescindible para sacar adelante cualquier reforma de calado y hasta para garantizar que haya Presupuestos Generales del Estado, proyecto que incluye los compromisos de ajuste pactados con la UE y que en caso de no aprobarse obligaría a otra convocatoria electoral a partir del 3 de mayo próximo.
Mientras el portavoz socialista, Antonio Hernando, defendía el giro decidido por su partido para poner fin al bloqueo político, evitar unas terceras elecciones y permitir la formación de Gobierno, los jefes de filas de Podemos y los partidos nacionalistas de izquierda se esforzaron en hacer sangre con la división del PSOE por su “traición” al “no es no” de Pedro Sánchez.

Mariano Rajoy tras ser reelegido presidente. (Reuters)
Mariano Rajoy tras ser reelegido presidente. (Reuters)

La mayoría gubernamental necesita a los socialistas para gobernar y Podemos se frota las manos ante la perspectiva de crecer a costa de la crisis de los de Ferraz. En el último trámite de la sesión de investidura, mero y breve resumen de posiciones antes de votar, el objetivo de los ataques de la mayoría de los partidos intervinientes no fue Rajoy, sino el PSOE y el propio marco constitucional.
El presidente del Gobierno reiteró que es consciente de que tiene que gobernar en minoría, agradeció los apoyos de Albert Rivera, Ana Oramas y los partidos regionalistas aliados del PP (UPN, Foro Asturias y el PAR) y al tiempo advirtió a los demás grupos de que "España necesita un Gobierno en plenas facultades que pueda gobernar, no que sea gobernado". Se refería por enésima vez a que una cosa son los acuerdos y pactos necesarios a partir de ahora para todo paso legislativo y otra la pretensión de algunos partidos de aprovechar la minoría parlamentaria del Grupo Popular para deshacer las reformas de la última legislatura útil y aplicar sus propios programas vía frente anti-PP.
"Corregiremos lo que merezca corrección y mejoraremos todo lo mejorable", dijo el jefe del Ejecutivo para remachar que él no piensa en traicionar su propio proyecto y que para acometer las contrarreformas "otros tendrían que hacerse cargo del Gobierno". Era una amenaza en toda regla, dirigida al PSOE y a Ciudadanos, de que disolverá las Cámaras si tienen la tentación de reproducir el bloqueo político en los próximos meses. También pidió una "oposición responsable" al estilo europeo, que colabore en las cuestiones de Estado y sea "útil a su país y a sus compatriotas".
La imagen más fiel de las desconfianzas y también de las esperanzas con que nace el nuevo Gobierno se registró nada más anunciarse la votación de la investidura. Los diputados del PP se pusieron en pie para aplaudir a su jefe, cosa que no hicieron los parlamentarios riveristas; después, el jefe del Ejecutivo se fue a estrechar la mano y recibir la felicitación del portavoz socialista, Antonio Hernando. Como Rivera no bajaba de su escaño para hacer lo mismo, como es costumbre, fue el propio Rajoy quien subió a saludar al presidente de Ciudadanos, incapaz de bajar un solo escalón

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