Saturday, October 15, 2016

¿Unir España y Portugal? Esta gente va en serio y promete meternos en el G8

Por primera vez, dos partidos a ambos lados de la frontera trabajan coordinadamente por crear un 'lobby ibérico'. Dicen que es la única forma de tener influencia en la Unión Europea

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Casi 200 años después, el iberismo va en serio. Los partidarios de avanzar en la integración política, económica y cultural de España y Portugal llevan más de un año reuniéndose para coordinar su estrategia y ganar músculo. Su objetivo: presentar candidatura para las elecciones al Parlamento Europeo de 2019. El reto: convencer primero a los electores y luego a la clase política de que la creación de una Comunidad Ibérica de Naciones, formada por España, Portugal y Andorra, es la única herramienta no solo para superar la crisis, sino para convertirnos en potencia mundial. 
Los impulsores son el Partido Ibérico Íber en España y el Movimento Partido Ibérico (MPI) en Portugal. El pasado 1 de octubre celebraron la Cumbre de Lisboa, un acto que según sus organizadores "marca un punto de inflexión" en la historia del movimiento iberista. Y lo hace porque pone negro sobre blanco la alianza a ambos lados de la frontera y presenta un ideario muy específico, mojándose acerca de la estructura territorial, las instituciones financieras o la diplomacia. Ser la quinta potencia de la Unión Europea por PIB y ubicarnos a las puertas del selecto club de países del G8 es, dicen, cuestión de voluntad política.
"Planteamos una unión de intereses comunes, no una fusión de los dos estados", dicen los promotores, que quieren presentarse a las Europeas en 2019
"Lo que planteamos es una unión de intereses comunes, no una fusión de los dos estados", advierte Paulo Gonçalves, fundador del MPI. Gonçalves corre a aclarar este punto porque sabe que unificar España y Portugal no solo es una utopía política, sino que genera altísimos porcentajes de rechazo, particularmente en el lado portugués. "Lo que promovemos es una confederación de países ibéricos. Si luego la gente está satisfecha y quiere avanzar hacia la integración, nosotros lo vamos a apoyar. Pero hoy no es nuestro objetivo". 

Imagen de la Cumbre de Lisboa, celebrada por el Partido Íber y el MPI el 1 de octubre. (Partido Iber)
Imagen de la Cumbre de Lisboa, celebrada por el Partido Íber y el MPI el 1 de octubre. (Partido Iber)
Rebajar un punto de ideología y añadirlo a cuestiones prácticas como la eficiencia económica en la península y la defensa de los intereses comunes ante la Unión Europea es el puntal del nuevo iberismo. "Cada país tiene sus cuestiones propias, pero la mayoría de asuntos nos afectan por igual a ambos. La política marítima es un ejemplo clarísimo. Portugal y España conforman la mitad del Atlántico Norte, y sin embargo no nos unimos para proteger nuestros intereses. O nuestra relación con el Banco Central Europeo: sus políticas suelen afectarnos de igual forma, pero al no hacer frente común perdemos mucha influencia, lo que nos suele llevar a decisiones desastrosas para nuestras economías. Nosotros proponemos la creación de un Banco Central Ibérico que reformule las competencias, fiscalice a los organismos financieros y estudie, entre otras cosas, si nos interesa seguir dentro del euro. Tener este músculo bancario nos daría mucho más peso a la hora de negociar".
"Sumamos la mitad del Atlántico Norte y no unimos intereses. O el Banco Central Europeo: nos afecta igual y nos suele llevar a decisiones desastrosas"
En el lado español, el primer paso está claro: anular el efecto frontera y unificar servicios públicos para reducir costes. "Algo tan sencillo como crear un Sistema Ibérico de Emergencia permitiría reducir el impacto de los incendios forestales", indica Casimiro Sánchez Calderón, fundador del Partido Íber y alma mater del movimiento. "Pero el primer paso es el conocimiento mutuo entre españoles y portugueses. Medidas como la unificación del espacio radioeléctrico, la homologación de títulos educativos o la creación de comisiones y organismos comunes en materias de pesca, descarbonización o agricultura ecológica, ayudarían a romper el hielo y rebajar el recelo entre España y Portugal", prosigue Sánchez, que fue alcalde de Puertollano por el PSOE entre 1993 y 2003. Sorprende, de hecho, la implicación de Puertollano en el nuevo iberismo. El actual líder del partido es Ramón Martín-Lara, también puertollanero, y es en este municipio de Ciudad Real donde radica la sede de la formación.

Ciudadanos a favor de la unión

El iberismo es, en realidad, un un auténtico misterio político. Cada vez que se hace una encuesta sobre estrechar lazos entre España y Portugal el grado de aceptación mutuo es abrumador, y sin embargo el asunto está totalmente fuera de la agenda política. Para casi todo el mundo, hablar de iberismo es una extravagancia, cuando no un debate intelectual de sobremesa.
La encuesta más reciente, el Barómetro de la Imagen de España realizado por el Real Instituto Elcano entre mayo y junio de 2016, indica que un 68% de portugueses cree que ambos países "deberían avanzar hacia alguna forma de unión política ibérica", y un unánime 83% considera que ambos países "tienen intereses comunes en política internacional". En el último Barómetro de Opinión Hispano-Luso, publicado en 2011 también por el Real Instituto Elcano, un 39,8% de españoles y un 46,1% de portugueses apostaba por una Federación de Estados. Pocas cuestiones suscitan un consenso social tan amplio sin haber pasado siquiera por el rodillo de la opinión pública.
"Estamos convencidos de que si la gente entiende nuestras propuestas y deja a un lado los prejuicios, vamos a obtener muchos apoyos", dice a este respecto Gonçalves. "Nuestro problema es que hay muchos actores interesados en que España y Portugal vivan de espaldas. A veces quien decide las políticas bilaterales no son los gobiernos, sino agentes externos como las instituciones financieras y los acreedores internacionales, que prefieren negociar individualmente con cada país para obtener mayores beneficios y explotan esa falta de diálogo mutuo. Si nos comenzamos a coordinar, a más de uno le van a temblar las piernas", lanza el líder del MPI. 

Pescadores gallegos y asturianos protestan por las cuotas de la Unión Europea. (Reuters)
Pescadores gallegos y asturianos protestan por las cuotas de la Unión Europea. (Reuters)
Ese optimismo compartido por Gonçalves y los sondeos telefónicos se estrella con la realidad social y política en ambos países, sobre todo en Portugal. Mientras los españoles, conscientes de su superioridad territorial y económica, no ven a Portugal como un peligro sino como una oportunidad, España genera en la sociedad portuguesa el efecto contrario: temor a una pérdida de soberanía si se llegaran a coordinar asuntos clave como la fiscalidad o la política lingüística y cultural. La actual presencia bancaria española en Portugal, que está ganando enteros de la mano del Santander y el Banco Popular, genera aspavientos y manos a la cabeza en los sectores más nacionalistas. Por no hablar de la presencia de empresas españolas, que genera "temor a ser colonizados" en más del 50% de portugueses, según el Barómetro de la Imagen de España.

El Puente de Ayuda sobre el Guadiana entre Elvas (Portugal) y Olivenza (España) destruido en 1709. (EFE)
El Puente de Ayuda sobre el Guadiana entre Elvas (Portugal) y Olivenza (España) destruido en 1709. (EFE)
Para el historiador luso José Miguel Sardica, autor del ensayo 'Iberia - La relación Penínsular en el siglo XX', la principal frontera entre ambos países es mental. "Ni la geografía, ni los recursos, nada individualiza un Estado en relación al otro. Los ríos que nacen en España acaban en Portugal. Geográficamente, nada haría adivinar que dentro del espacio ibérico podrían existir dos estados soberanos y no solo uno". El momento para la confluencia, según este historiador, es idóneo. "En una Unión Europea cada vez más confusa, tal vez demasiado burocratizada, incapaz de dar una voz común a los problemas comunitarios (moneda única, política de defensa, discurso y actitud frente a los refugiados y ahora la incertidumbre del Brexit), los dos países ibéricos tienen mucho que ganar si actúan de forma coordinada ante Bruselas. Hay áreas en las que eso está muy claro, como la explotación de recursos marinos y energéticos o las negociaciones entre gobiernos, a modo de ‘lobby ibérico’”.
"En una Unión Europea cada vez más confusa, los dos países tienen mucho que ganar si actúan de forma coordinada", dice el historiador José Miguel Sardica

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