Sunday, October 02, 2016

No lo bastante Nadie


Ilustración: JORGE ARÉVALO
Todas las historias tienen un ángulo desde el que resultan más interesantes. La de la descomposición, putrefacción e implosión final del PSOE invita a contemplarla desde dos ángulos bien opuestos: el de quienes el 1 de octubre de 2016 vieron salir con enorme alivio por la rampa del garaje de Ferraz a ese obtuso secretario general que no quiso entender para qué le habían dado la chapa de falso sheriff; y el de quienes vieron en ese coche escaparse muchas posibilidades de seguir contemplando que el puño y la rosa sean el logotipo de su papeleta electoral.
Los primeros, no es necesario ponerles nombre y apellidos porque ellos mismos se encargaron de delatarse y pasarse lista en los días previos y en la jornada de autos, han asistido con enfado creciente a los pronunciamientos de un líder que llegó a creerse que lo era, y que quiso jugar sus cartas como si la mesa estuviera limpia y la pizarra vacía. Hay quien dice que sólo fue un soberbio y un insensato, pero esa otra era la sensación que daba o quiso dar y acabó dando a muchos, posiblemente los que impidieron que el 20-D y el 26-J se consumara la anunciada humillación del partido de Pablo Iglesias, el sindicalista, a manos del partido de Pablo Iglesias, el fan deJuego de Tronos.
A estos que finalmente lo han derribado en medio de la riña tumultuaria más denigrante que recuerda la historia reciente del socialismo español, no se sabe muy bien qué les mueve, entre otras cosas porque no han enunciado un programa, aunque junto a argumentos legítimos y puede que hasta generosos (hay que sacrificarse por el país, etcétera) se adivinan motivaciones más oscuras, que algo tienen que ver con las razones por las que un partido que llegó a sumar 202 diputados se ve hoy con 85; razones de cuyo desarrollo y hondura sólo un mono loco responsabilizaría a un secretario general que ha cabalgado el tigre durante dos años escasos; razones que hace esos dos años les llevaron a poner al timón a alguien a quien se consideraba Nadie, y que ha resultado no ser lo bastante Nadie para sus necesidades.

La solución a ese error de cálculo ha sido colocar un paquete de C-4 de alta potencia en cada esquina del partido, volarlo de forma descontrolada ante el alborozo silente de sus enemigos (uno se pregunta si en los colmados de las inmediaciones de la calle Génova queda una sola botella de cava) y reemplazar al Nadie que salió rana por un puñado de Nadies de los que se espera, esta vez sí, que sepan tener la nula iniciativa que se les supone y la obediencia a los poderes emboscados que justifica su inclusión en esa lista manuscrita que acaso la Historia, que tiene esas cosas, recuerde como certificado de defunción.
Y éste es el instante de situarse en ese otro ángulo: el de quien, con todo lo llovido, con esas imágenes nauseabundas de los beneficiarios del saqueo de los ERE riéndose de la justicia mientras los conducían esposados, o el cuadro del ex ministro socialista citándose en gasolineras con empresarios que acababan levantando después de la intercesión ministerial lucrativos mamotretos (contra el fundado parecer de los técnicos municipales competentes) y con todo lo demás que podría enumerarse, se decidió a votar al PSOE porque a su frente había un tipo que, con todos sus defectos, no tenía nada de eso en su currículum, no estaba dispuesto a contemporizar con quien lo tuviera (y lo demostraba) y le prometía no apoyar a quien llevaba en su debe haber encabezado, durante años, un partido que financiaba sus campañas (lo supiera él o no) con mordidas y dinero B.

Este votante podrá reprocharle a ese hombre que abandona cabizbajo y derrotado la sede de Ferraz no pocas torpezas, una mala gestión de alianzas y del debate interno, y todas las meteduras de pata que desde que se levanta el sol hasta que se pone, y aun después, e incluso antes, protagoniza un bípedo implume medio. Lo que no podrá reprocharle es haberse apartado de una palabra dada que ha mantenido hasta su linchamiento a manos de aquellos que ahora recogen los despojos del partido.
Este votante es el que va a decidir, ahora, la suerte de lo que queda del PSOE. Sobre si hay muchos como él, o pocos, y cuándo y cómo aflorarán, se admiten cábalas y pronósticos.

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