Monday, October 24, 2016

Francisco, el líder global que opera desde el Vaticano


EFE
El Papa Francisco, durante una audiencia reciente en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
Cuando el Papa Francisco viajó por sorpresa a la isla italiana de Lampedusa, el 8 de julio de 2013, pocos meses después de haberse instalado en el Vaticano, marcó una estrategia pastoral que tres años después ha reformado la agenda política y diplomática de la Santa Sede y ha encumbrado a Jorge Bergoglio -el Papa jesuita y peronista- como un líder global admirado por dirigentes políticos y sociales de diferente signo. En Código Francisco (Debate, 2016), el periodista e historiador argentino Marcelo Larraquy resalta esa faceta de Francisco como un animal político que, a juicio del autor, ha reconfigurado la influencia del Vaticano en el mapa mundial de la geopolítica.
La crisis de los refugiados en Europa, el combate a los yihadistas de ISIS, la normalización de relaciones entre EEUU y Cuba, el acercamiento entre israelíes y palestinos... En los tres años y medio que Francisco lleva al frente del Vaticano no ha habido un asunto de peso internacional en el que no haya participado en mayor o menor medida. «Lampedusa -dice Larraquy a EL MUNDO- es el inicio de esa política cuando Francisco habla allí de la 'globalización de la indiferencia' y describe el Mediterráneo como un cementerio, a contracorriente del pensamiento de las propias sociedades europeas».
Larraquy, autor de otro libro sobre el Papa (Recen por él), buceó en decenas de archivos y libros, y entrevistó a personalidades cercanas a Bergoglio durante una investigación que le llevó tres años. "Quería plasmar su manera de gobernar en el Vaticano".
En las más de 400 páginas de Código Francisco, Larraquy describe cómo el Papa ha ido buscando aliados tácticos en el mundo dependiendo de la región donde se generaran los conflictos. Así, no duda en hablar con el presidente ruso, Vladimir Putin, para frenar los bombardeos que Barack Obama proyectaba sobre Siria para castigar a los yihadistas. Y, sin embargo, es el propio mandatario estadounidense quien encuentra en el Papa al garante que necesitaba para llevar a buen puerto la histórica normalización de relaciones con Cuba a finales de 2014.
Para Larraquy, el Papa, a punto de cumplir 80 años, es un "jugador visible" de la política mundial que cuenta con un gran andamiaje detrás: la renovada Secretaría de Estado del Vaticano. La maquinaria diplomática de la Santa Sede perdió influencia tras el papado de Juan Pablo II y ahora, a juicio del ensayista argentino, Francisco ha revitalizado ese departamento con acciones políticas concretas, como el acercamiento con el Partido Demócrata de Estados Unidos, cuando históricamente la Santa Sede siempre apoyó a los republicanos. La visita del secretario de Estado John Kerry a Roma en 2014 fue la primera prueba de ese giro. "Hay una mayor intervención en el mundo por parte del Vaticano y esa forma de intervención es diferente a la de los papados anteriores", subraya Larraquy, para quien la política del Papa va a permanecer como un legado sólido: "No creo que haya un reflujo conservador en la Santa Sede después de Francisco".
Con su viajes a Lampedusa o a Lesbos (escenarios que visualizaron la tragedia de la inmigración ilegal y los refugiados), Francisco puso de manifiesto una estrategia política que halla su eje en las periferias. Para Larraquy, no es casualidad que el Papa haya renunciado a viajar a los países europeos más desarrollados y en su lugar se haya volcado en esas periferias donde su mensaje social tiene una mayor fidelidad. Al mismo tiempo, la creación de cardenales que ha realizado el Papa (44 de los 120 cardenales electores, tras los últimos anuncios) ha ido achicando el peso específico de Europa en el Vaticano y fortaleciendo a los países del sur.
"El Papa pone el eje en las clases populares y en las periferias", sostiene el autor de Código Francisco.
Una fórmula que ya había cultivado durante su paso por el arzobispado de Buenos Aires en una época en la que, sin embargo, a Jorge Bergoglio se le identificaba con posiciones conservadoras por su rechazo al aborto o al matrimonio homosexual. De hecho, la relación de Francisco con los curas herederos de la Teología de la Liberación es hoy mucho mejor que la que mantenía antes de llegar al Vaticano. "Hay contradicciones internas, cambios de puntos de vista, no es un Papa lineal; antes estaba más a la defensiva y ahora, más a la ofensiva en términos sociales".
Una "ofensiva" que Francisco ha dejado patente en sus críticas al capitalismo salvaje y en defensa del diálogo social para combatir la crisis económica. "El Papa está en contra del mercado como único componente de regulación y predica una fórmula alternativa a una economía depredadora que deja afuera a los sectores sociales más desfavorecidos, a muchas familias, algo que va en contra del Evangelio". Por esa postura de condena del capitalismo salvaje, al Papa se le ha etiquetado como "populista" en algunos ámbitos políticos. Y ese rechazo de las élites ha provocado un efecto casi automático de adhesión por parte de movimientos sociales y de sectores populares, sobre todo en América Latina. "No es un Papa populista, es un Papa moderno con un mensaje renovador en la Iglesia", zanja Larraquy.
Curiosamente, el liderazgo mundial de Francisco no se ha visto reconocido de la misma forma en su Argentina natal. Desde sectores conservadores (políticos y mediáticos), a Francisco se le identifica casi como "el último kirchnerista", un Papa "populista" más cercano a los postulados de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner que a los del Gobierno derechista de Mauricio Macri. Esa "grieta" entre kirchneristas y conservadores en la que aún hoy vive Argentina es una de las razones por las que el Papa ha decidido no viajar a su país de origen el año que viene, como estaba previsto. Su agenda global, sin embargo, no parece tener límites.

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