Wednesday, October 12, 2016

El 12 de Octubre y la identidad nacional


Un pequeño grupo separatista catalán conocido como CUP ha intentado recientemente crear tanto revuelo como es posible con el fin de atraer la atención del público. Ha expresado su deseo de demoler la famosa estatua de Colón en Barcelona, y declarar laborable el Día de la Hispanidad, propuestas que se han recibido con irritación y risa en la prensa. Las propuestas -cualquiera que sea su motivación-, no han dejado de recibir algunos apoyos en los círculos políticos. Una iniciativa presentada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, para rebautizar a la plaza de la Hispanidad con un nombre diferente ha añadido todavía más leña a la presente polémica sobre cuestiones relacionadas con la fecha del descubrimiento de América.
El problema es que la palabra Hispanidad provoca reacciones que se basan por regla general en una confusión sobre lo que significa históricamente. En Cataluña, las entidades constitucionalistas emplean el Día de la Hispanidad, 12 de octubre, para expresar un rechazo público al nacionalismo. El vicepresidente de una entidad centrista, Sociedad Civil Catalana, ha explicado este mes que la intención de su grupo es celebrar "con normalidad esta fiesta como querríamos que se hiciese en toda España", ya que "la Fiesta de la Hispanidad es la de toda España". Por desgracia, esta identificación de Hispanidad con España tiene pocas raíces en la experiencia histórica de España, y es la razón por la cual muchos españoles (entre ellos, algunos catalanes) están descontentos con la palabra. El concepto de la Hispanidad fue inventado no para España, sino para América Latina, y siempre sin lugar a dudas tuvo connotaciones imperialistas.
En 1892, en Madrid, el régimen de Cánovas del Castillo se enteró de que Estados Unidos estaba tomando medidas para celebrar el cuarto centenario del 12 de octubre, fecha generalmente aceptada del Descubrimiento de América. Los españoles se apresuraron a imitar a Estados Unidos para incrementar su propia influencia entre las naciones de Latinoamérica, que eran ahora independientes. Cánovas presentó la idea de que todas las naciones de origen hispánico debían adoptar esa fecha como día festivo en común. Esta iniciativa no tuvo acogida. Sin embargo, cuando el resto del imperio español desapareció en 1898 -después de la derrota militar frente a Estados Unidos-, muchas de las naciones latinoamericanas comenzaron a darse cuenta de la amenaza que el imperialismo de Washington representaba para sus intereses.
Un nuevo mito empezó entonces a nacer. Lógicamente, el mito se retrotrajo a la gloria de 1492. Escritores latinoamericanos como Rodó y Rubén Darío expresaron su indignación ante el expansionismo de los Estados Unidos y abrazaron la causa y la cultura del país al que una vez se habían opuesto: la España imperial. En 1910, en un banquete en Montevideo, Rodó habló a favor del "sacro sentimiento de la raza que unía a los españoles y a los hispanoamericanos". Sin embargo, para esa fecha, el 12 de octubre ya se había convertido en un día festivo estadounidense ampliamente difundido, celebrado no por españoles sino por los italianos, para recordar al descubridor genovés Cristóbal Colón. En Estados Unidos, la fiesta continúa dedicada a celebrar la herencia italiana-estadounidense, y se celebra todos los años el segundo lunes de octubre.
El papel de España en la historia del Descubrimiento había caído en el olvido. Como respuesta, en 1912, un grupo de españoles en Cádiz durante las celebraciones del centenario de las Cortes de Cádiz, propuso que el 12 de octubre fuera declarado un día festivo de alcance nacional. En esas mismas semanas, la República Dominicana adoptó la versión estadounidense de la festividad y comenzó a celebrarla con el nombre estadounidense de Día de Colón. A partir de 1913, México y otras naciones también adoptaron este día festivo pero en una forma diferente, y lo llamaron Día de la Raza.
Cada nación latinoamericana tenía razones específicas para celebrar el Día de la Raza, pero para España no podía haber ninguna duda de lo que ese día conmemoraba: la gloria de la raza hispánica. Por fin, aproximadamente a partir de 1919, la fecha comenzó a celebrarse con ese nombre en España. Y, antes de que pasara una década, sectores conservadores comenzaron a maniobrar para cambiar el nombre por Día de la Hispanidad, para conmemorar específicamente la contribución que España supuestamente hizo a la civilización del Nuevo Mundo descubierto por Colón. El principal promotor de este cambio fue el escritor Ramiro de Maeztu, con su obra clave, Defensa de la Hispanidad (1934). En la década siguiente, escritores empleaban el concepto de "Hispanidad" para exagerar la contribución hecha por españoles a la evolución del continente de América. Hispanidad no significaba exactamente una afirmación del carácter de España, sino mas bien una vindicación de España frente a la América colonial. Esto se observa en el decreto de la fundación de la fiesta (1958), donde el texto habla de "la enorme trascendencia que el 12 de octubre significa para España y todos los pueblos de América hispana".
Tanto el mito de la Hispanidad como el Día de la Raza cambiaron de nombre cuando España pasó de su fase autoritaria a su fase democrática. Se desechó el término raza porque recordaba ideologías políticas específicas. Finalmente, en 1981 un real decreto estableció la fecha como Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad, pero la frase "Día de la Hispanidad", empleada formalmente desde 1958, desapareció por decreto en 1987. La visión del imperio también recibió un nuevo lavado de cara, y el énfasis en las hazañas del siglo XVI se enfocó más en la cultura y el idioma que en el chovinismo nacional. En 1991 se fundó el Instituto Cervantes con el objetivo de fomentar la divulgación de la cultura española. El símbolo utilizado por el Instituto, uno que había sido central para la ideología imperialista durante el siglo XX, fue la figura de Don Quijote, cuya valiente lucha contra los molinos de viento representaba, en cierto grado, el intento de España por luchar contra los fantasmas de su pasado y resurgir en una época postimperial más tranquila.
¿Y qué pensaban los catalanes? Vemos claramente que gracias a la obsesión con América Latina, en ningún momento el concepto de Hispanidad contenía indicios de agresión contra Cataluña. Es absurdo, por tanto, que nacionalistas peninsulares lo insinúen, e igualmente absurdo que antinacionalistas apoyen un concepto que poco tenía con vindicar la unidad política de España. El 12 de octubre veremos grupos de activistas ocupando espacios por toda Barcelona, gritando y proclamándose enemigos o defensores de la Hispanidad, pero ya que la Hispanidad fue un producto político de su tiempo, tanto castellanos como catalanes podrían tener motivos sólidos para dudar de la utilidad del concepto. Ningún otro país europeo tiene un día festivo que proclama sus propias virtudes nacionales: no hay días de fiesta de britanicidad o de galicidad. De hecho, lo cierto es que cuando el Real Decreto de 1981 creó el "Día de la Hispanidad", sus autores no tenían la más mínima idea de lo que Hispanidad significaba.
El Estado español es probablemente único en Europa a la hora de celebrar una fiesta nacional que está estrechamente identificada con su herencia colonial, en lugar de conmemorar acontecimientos del propio país. Esa es la naturaleza triste de los mitos: nos acoplan a conceptos que tienen escaso significado, y al final se espera que la gente realmente tenga la obligación de vivir e incluso de morir por ellos.
Henry Kamen es historiador británico

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