Saturday, February 20, 2016

¿Quién gana y quién pierde con el acuerdo británico?




En su primera intervención ante las cámaras de televisión tras el Consejo Europeo del jueves y el viernes, el primer ministro británico, David Cameron, utilizó una retórica muy agresiva. Un lenguaje duro contra una Unión Europea a la que calificó de "súperestado", de burocrática, intrusiva y lenta. Se jactó de quedar fuera de las cosas "que no funcionan para nosotros, como las fronteras abiertas, los rescates y el euro". Presumió de tener "lo mejor de dentro y de fuera", del papel catártico de Reino Unido, de haber domesticado a la bestia burocrática y de llevar las reformas a Bruselas.
Cameron necesita, desde el primer minuto, un mensaje de victoria, de éxito inapelable. Necesita convencer a sus ciudadanos de que ha logrado la madre de todas las victorias, la "abrumadora mayoría" de las cosas que había prometido. Necesita que todos los británicos escuchen que él, su líder, ha conseguido modernizar, mejorar la UE (usó la expresión 'UE reformada' innumerables ocasiones).
Cameron necesita aplacar a los euroescépticos y los eurófobos. Los que han creado hasta tres plataformas para pedir la salida de la Unión en el referéndum, pero también los que están dentro de su propio partido y de su Gobierno. Como el ministro Michael Gove, uno de sus mejores amigos y que el viernes anunció que estaría entre los que abogan abiertamente por el "no".
Cameron vendió su victoria ante 27 primeros ministros y los responsables de las instituciones europeas, que miraron para otro lado, escucharon sólo lo que quisieron escuchar e hicieron de tripas corazón. Saben que la redacción de un documento era la parte sencilla del proceso (y no ha sido nada fácil), y que lograr que el referéndum salga bien implicar aguantar una humillación pública. Al menos dentro de unos límites.
Implica soportar ese tono que tanto les irrita, apretar los dientes y seguir hacia adelante sonriendo por el bien de todos. Porque Cameron ha ganado, y lo saben bien, pero están convencidos de que la alternativa, un enfrentamiento que conduzca inevitablemente a Brexit, será peor para todos. Y consideran que aguantar las bravuconadas es un precio aceptable a cambio del interés general de la Unión.

En realidad, David Cameron no ganó el viernes. Cameron ganó en el momento en el que el resto de países y las instituciones aceptaron sentarse a una mesa para renegociar su encaje y aceptar una pertenencia todavía más única, más individualizada, más a medida.  Esa relación especial.
Cameron ganó cuando el resto asintió y reconoció que London is different y por eso debe ser tratadada de forma única. En lo político e incluso en lo normativo. Cuando Hollande dijo por la tarde que un "estatus particular" era inaceptable y por la noche reconoció que en realidad sí es posible, que estaba ahí delante y que no pasa nada, siempre y cuando no pongan demasiados palos en las ruedas integradoras de los demás.
Cameron aseguró en la rueda de prensa posterior al Consejo Europeo que la "abrumadora mayoría" de las cosas que prometía y que pidió han sido obtenidas. Y es cierto. La esencia estaba clara desde septiembre, estos días se trataba sólo de definir los detalles.
Los diplomáticos y los sherpas, los negociadores jefe, han estado trabajando durante meses de forma casi exclusiva en el acuerdo con Reino Unido. Y las últimas semanas han sido abrumadoras. Estuvieron todo el jueves encerrados y casi todo el viernes, mientras los primeros ministros buscaban encuentros bilaterales, se daban un paseo por la ciudad, comían patatas fritas en la calle o incluso veían películas.
¿Qué había en juego? Cinco bloques abiertos cuyos detalles explicábamos aquí.
En las prestaciones sociales, Reino Unido obtiene grosso modo lo que buscaba. Cameron propuso desde el principio congelar las prestaciones laborales in-work (un complemento salarial para los ingresos más bajos) de los extranjeros durante cuatro años. La Comisión Europa ofreció un mecanismo de salvaguarda o freno de emergencia, como se ha bautizado, que puede ser activado en casos extremos en los que el país afronte un flujo migratorio muy alto o la sostenibilidad de las cuentas públicas.

Mecanismo de salvaguarda

Técnicamente, ese mecanismo permite a Londres lo que quería, pero formalmente deja en manos de la UE el permiso para aplicarlo. Cameron, si el referéndum se salda con un "sí a la UE", invocará la situación de emergencia, la Comisión hará un informe de evaluación y el Consejo Europeo votará. Pero ya hay un acuerdo oral que reconoce que la situación se da de facto ya, lo que es más que discutible.
Cuando entre en vigor la legislación, el Gobierno británico podrá mantener la situación de excepción hasta siete años. Y podrá congelar durante cuatro años (aunque irán teniendo acceso de forma gradual) ciertas ayudas, complementos salariales, de los trabajadores extranjeros. Londres pedía siete años y dos prórrogas de tres, pero al final serán sólo los siete primeros, más que suficiente. Eso sí, sólo aplicable para los trabajadores que lleguen al país en el futuro, no a los que ya están en activo.

En cuanto a las prestaciones de los menores de edad, pacto a medio camino. Una vez más, los tories se sale con la suya. Reino Unido concede desde hace años ciertas prestaciones sociales, unas ayudas económicas por hijo, bajo ciertas condiciones. Y es válida incluso si el niño vive en otro Estado Miembro. Cameron quería poder rebajar la cuantía de esas ayudas, aplicar una indexación por la que los extranjeros que tengan acceso a las mismas, si los niños viven en un tercer país, reciban menos si en ese determinado país de origen el coste de la vida es menor.Algo lógico si fuera para todos los afectados, y profundamental discriminatorio tal y como ha sido planteado (y admitido).
La clave estaba en que Cameron quería indexar todas las ayudas (un coste que se asume por debajo de los 40 millones de libras al año), no las del futuro, sino las que ya se están cobrando. Será así, pero con un periodo de carencia para los que las reciben en el presente hasta el año 2020. Y un matiz extra: cualquier país europeo podrá hacer lo mismo. Alemania ha avisado de que lo contemplará. España asegura que no lo hará ni en los casos muy concretos en que sea aplicable, pues nuestro sistema no dispone de ayudas equiparables a las británicas.
En el tema de la futura integración política, del futuro de la UE, nueva victoria en la Cumbre para Cameron, que consigue que se ponga por escrito que Reino Unido  puede quedar al margen de la expresión "hacia una unión cada vez más estrecha". Podrá haber más integración, más unión, pero nadie podrá forzarlos a aceptarlo. Y así constará en los Tratados cuando en el futuro sean cambiados.El excepcionalismo hecho ley.

Gobernanza económica

En las cuestiones de gobernanza económica y la futura regulación financiera, una de cal y una de arena. Por un lado, Londres se sale con la suyay tendrá una "cláusula de salvaguarda". ¿Qué quiere decir? Si estima que una decisión regulatoria, financiera  o por ejemplo en aspectos de la unión bancaria es muy perjudicial para sus intereses, tiene derecho a invocar la cláusula. Reino Unido considera vitar no esatr discriminada por no querer el euro, pues ha constatado que la integración en la Eurozona es cada vez más profunda, y en ciertos sentidos amenazante porque les forzaría a ir a remolque. Como en el tema de los rescates, una línea roja para Cameron, como se pudo ver en el caso de Grecia.
Por ello se diseña este mecanismo que no supone un veto, pero sí una forma de frenar, de ralentizar, y que puede ser invocado por un solo país. La Comisión y el Eurogrupo querían que fuesen al menos dos, pero los diplomáticos tenían bastante claro que se admitiría uno solo, lo que en la práctica significa que el Downing Street se basta y se sobra para invocarlo y protegerse.
Francia, la más combatirá, logra incluir expresiones contra un trato a favor de las entidades de países fuera del euro en situaciones potencialmente extremas. Reino Unido logra por su parte la redacción larga, vaga y abstracta que siempre quiso en las referencias a la regulación que, hipotéticamente, podrían llevar a que la supervisión bancaria europea no se aplicara de forma idéntica en la City, aunque al no haberse cambiado los Tratados, y contener estos las provisiones necesarias para crear supervisores cuando sea necesario, se trata de una cuestión cuya relevancia y alcance legal se verá en el futuro.

Territorio de abogados

La UE es territorio de abogados. Son los que han dominado, en la sombra, la reunión de jefes de Estado y de Gobierno. Los que han peleado comas, verbos y cláusulas. Lo que se ha puesto estos días negro sobre blanco afectará a las decisiones políticas de los próximos años. Pero siendo honestos, había poco nuevo incluso en el espíritu, pues las ideas están todas en la historia reciente europea.
Cameron se jactó de quedar al margen de la UE "de las fronteras abiertas, el euro y los rescates". Pero es qeu Reino Unido siempre ha estado fuera de Schengen, del euro, del Eurogrupo, de los programas de rescate, de los temas de Interior, de Justicia, de Asilo. No hay ningún cambio de calado. Reino Unido era diferente, era especial y lo sigue siendo, pero con palmadas de reconociento y complicidad de sus vecinos.
Lo que tendrán que explicar los primeros ministros y presidentes de 27 países a  sus ciudadanos es por qué han aceptado, desde el principio, la discriminación. Por qué les parece bien que uno de sus trabajadores de bajos ingresos no pueda tener acceso a las mismas ayudas que un nacido en Manchester. Por qué han aceptado, sin levantar la voz, que un primer ministro diga ufano que se acabó ayer el "something for nothing", el llevarse algo por la cara.
Los presidentes tendrán que explicar algún día por qué negociaron la letra pequeña pero no el espíritu de la letra.Tendrán que aclarar cómo van lidiar con el próximo país que amenace con romper Europa, o el euro o con bloquear para salirse con la suya, aunque no sean tan importantes en términos económicos o geopolíticos.
David Cameron es el ganador político de este euroteatro, aunque ha pisado muchos callos y ganado pocos amigos. Pero los perdedores no son sus socios, no son las instituciones, sino muchos millones de ciudadanos que saben que no somos todos iguales ante la ley.
La gran perderora de la noche es una idea, una cosmovisión, de Europa, que ha quedado pisoteada en el santuario donde debería haber sido protegida. Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.

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