Wednesday, December 09, 2015

La Sagrada Tierra de Europa (II). París: la ciudad de Isis y de los Nautas

Publicado: Miércoles, 10 de Mayo de 2006 14:04 por Ernesto Milá en sin tema
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Infokrisis.- Hemos pasado una parte de nuestra propia vida en París, tanto en la clandestinidad como en la normalidad, así que podemos hablar con conocimiento de causa sobre esta ciudad que todavía hoy ejerce para nosotros una atracción particular. En el artículo siguiente ofrecemos algunas pinceladas sobre la Historia de París y unas cuantas "rutas mágicas" que el visitante podrá recorrer. Esperamos que nuestros lectores puedan recorrerlas experimentando la misma satisfacción que nos produjeron a nosotros. 

París a través de los siglos
            Cincuenta y tres años antes de Cristo, las legiones romanas llegaron a un meandro del Sena. A una orilla del río les miraban cuatro colinas, Passy, Chaillot, Montmartre y Belleville, que han dado lugar a cuatro conocidos barrios del París actual. En la otra orilla divisaron la quinta colina, hoy llamada Montaña de Sainte Genevieve. En el centro de la corriente, unas cuantas islas albergaban un lugar de culto druídico. Las inmediaciones estaban habitadas por una tribu de origen celta, los Parisii, que formaban una extraña corporación iniciática de navegantes cuyos barcos recorrían el Sena, pero también el Loira y el Garona. La fortaleza de los Parisii, situada en la colina de Sainte Geneviene, se llamaba entonces, las Arenas de Lutecia. Lutecia ha quedado grabado en la historia como el primer nombre de París. Tras una batalla en el llano de Grenelle (hoy famoso barrio parisino), el caudillo galo Camulogène fue derrotado; entonces Roma inició la construcción de la ciudad que hoy se llamará París, una de las ciudades más mágicas del mundo.
            Cada ciclo histórico tiene una ciudad señera. El ciclo actual, desde la Alta Edad Media, tiene a París como centro de Europa. Carlomagno abrió el nuevo ciclo. La Roma Imperial fue sustituida por el nuevo poder cuya sede estaba en París. A partir de entonces la Ciudad de la Luz ha sido capital política de Europa, residencia de las vanguardias culturales y foco de difusión de las más variadas corrientes esotéricas, ocultistas y mágicas.     
            Aquel pequeño villorrio que encontraron los legionarios de César y que fortificaron, es hoy, en las puertas del siglo XXI una ciudad cuyos aspectos mágicos siguen presentes. No en vano, la renovación mágica de París se ha producido en los años ochenta con un Presidente, aparentemente alejado de las conventículos esotéricos y ocultistas, como Mitterand. Y sin embargo, como veremos, Mitterand se ha situado en la tradición de los constructores del París Mágico.
BREVE HISTORIA DE PARIS
1. El París Romano y Pagano
            A partir de la presencia romana, París se fue extendiendo desde la actual Montaña de Sainte Genevieve a lo que hoy es el Barrio Latino (la orilla izquierda del Sena). París, en esa época, no dejará presagiar su gloria futura. Lyon (un lugar de culto al dios Lug) será la capital y Sens, el centro administrativo. París se extenderá hacia el Sur, a través de la Vía Apia. En la actual rue de la Tombe-Issoire, se encontrará uno de los cementerios romanos. El teatro se construirá en el actual emplazamiento de Liceo Saint-Louis, en el barrio de Saint Germain  las termas en la rue Cluny, no lejos de allí. El templo estará en el conocido boulevard Saint Michel. En el siglo II, bajo el mando de Marco Aurelio, la ciudad alcanzó su apogeo: 20.000 habitantes abigarrados en torno a los muelles de la orilla izquierda y más al sur, villas romanas de descanso y un complejo de servicios, acueductos, termas, lugares de ocio y diversión. De todo esto hoy no quedan más que unos pocos capiteles y muros derruidos y mudos. En el 280 los bárbaros arrasaron este emporio de ocio que había olvidado la función principal con la que fue creado el fuerte de Lutecia: la vigilancia del llano del Marne.
            La administración imperial envió a un glorioso general que luego daría que hablar en sus breves años de emperador: Juliano, conocido como el Apóstata. Provisto de una notable cultura filosófica, iniciado en los Misterios de Mitra y ardiente defensor del paganismo, Juliano se procuró de estudiar los textos cristianos; "Leí, estudié, comprendí", escribió tras renunciar al cristianismo, mientras sus legionarios construían el primero de los seis recintos amurallados que llegaría a tener la ciudad. Juliano estableció su palacio de gobierno en la Cité, donde hoy se encuentra el Palacio de Justicia, frente a Notre Dame. Juliano es, pues, el primer gran constructor de París.
2. París cristianizado
             Los primeros cristianos celebraban sus misterios en las faldas de la Montaña de Sainte Genevieve. Esta, junto con San Dionisio (Saint Dennis) son los dos patrones de París. En recuerdo del martirio del segundo se construirá una iglesia en Montmartre de la que hoy no quedan restos. La primera basílica cristiana de París, la de Saint Marcel, estuvo situada en el barrio actual de Gobelins, en el centro de un cementerio hoy inexistente.
            El primero de los reyes merovingios, Clovis dió a París por primera vez en su historia, el título de capital. Bajo su mando, el templo pagano de Sainte Genevieve se convirtió en basílica de San Pedro y San Pablo. Un siglo después, el lugar central de culto cristiano ya se había desplazado a la isla de la Cité, donde los romanos encontraron un templo druídico. Parece que allí existió un menhir, que algunas crónicas llamar "Pilón de los Nautas". Hasta principios del siglo XIII en que se construyó Notre Dame de París, el mismo emplazamiento había visto alzarse, sucesivos templos que respondían a los estilos de las distintas épocas: paleocristiano, merovingio, románico y, finalmente, el gótico que conocemos.
3. París en el año 1000
            La pujanza de París, derivada de su favorable situación geográfica, hizo que florecieron templos y parroquias que frecuentemente compitieran en cuanto a la calidad de sus respectivas construcciones. La parroquia de Saint Germain -que aun existe- fue la más pujante en torno al año 1000. En torno a las parroquias se concentraba la vida comercial de cada barrio. Pero los terrores del año 1000 no fueron teóricos: París sufrió saqueos, invasiones normandas y vikingas, guerras civiles, conflictos feudales. En el siglo XI, la ciudad estaba postrada. Fue entonces cuando subió al poder la dinastía de los Capetos.
            Se dice de los capetos remontaban su sangre a la dinastía de David. Hasta Luis XVI -último rey coronado- los reyes de Francia curaban por imposición de manos; incluso el desgraciado Príncipe de Viana, de ascendencia francesa por parte de madre, era tenido en Barcelona como rey taumaturgo. La historia ha conservado documentación objetiva sobre la capacidad de Luis XVI para curar las migrañas.
4. El Temple y el París gótico
            Felipe-Augusto fue, con Juliano y Clovis, el gran impulsor de París. Los trabajos que emprendió en la capital francesa han contribuido, en parte, a darle su aspecto actual. Felipe Augusto se vio auxiliado por el Abad Suger de Saint Dennis (hoy en la banlieu París), verdadero creador del Arte Gótico. En esa época se construyó el segundo gran cinturón amurallado de París que extendía la ciudad hasta la orilla derecha, en la zona que hoy se llama el Marais; se construyó también el fuerte del Louvre y se fundó la primera universidad. De esa época data el gran mercado de Les Halles y la construcción del Petit Chatelet, convertida luego en prisión de Estado.
            Pero la obra más importante fue el templo de Notre Dame. Estamos a principios del siglo XIII. París es en aquella época una gigantesca cantera. Buena parte de estas obras se debe al impulso del templarismo. Las cruzadas hace un siglo que han comenzado. La pujanza del Temple se hizo patente en la capital. Las hermandades de constructores y los maestros de obras, las cofradías secretas de alquimistas, los monjes guerreros, los filósofos y científicos venidos de toda la cristiandad, fueron a coincidir en el mejor período de la humanidad medieval, sobre este trozo de tierra gala.
            A pocas décadas de distancia, San Luis, rey de Francia, abordó la construcción de la Saint Chapelle, un gigantesco relicario que debía de servir para albergar las Santas Reliquias confiadas al Rey Cruzado por el Emperador Balduino de Constantinopla. Se ignora el nombre del maestro de obras que la edificó. En el período de San Luis, Robert de Sorbon, su capellán, recogió a "16 pobres maestros en artes" en un edificio de la calle Coupe-Gueule, frente al palacio de Thermes. Este fue el origen de universidad de La Sorbona.
            Los templarios poseían 130 Hectáreas en el término municipal del París actual. Eran, desde luego, la primera empresa inmobiliaria de la ciudad. Sus monjes-guerreros cultivaban aquella tierra -la mayoría situada en el barrio del Marais, en la orilla derecha del Sena- entre Saint Gervais y la colina de Belleville. En una zona situada al sur construyeron su fortaleza, que fue casa central de la Orden, la Torre del Temple, no muy lejos se construyó el fuerte de la Bastilla. Allí mismo serían detenidos Jacques de Molay y los dirigentes de la orden en 1307... Siete años después fueron quemados en un islote del Sena, próximo al ábside de Notre Dame. La historia de París proseguiría sin ellos, pero las torres de Notre-Dame jamás se terminaron. Fue la protesta de los canteros medievales por la ejecución de quienes tanto les habían ayudado.
5. Hacia su aspecto actual
            Hacia el siglo XV, después de sufrir unos años de ocupación inglesa, París experimenta un nuevo crecimiento y ve alzarse monumentos góticos que han llegado hasta nosotros: las iglesias de Saint Severin, Saint Nicolás des Champs, Saint Germain Auxerrois, Saint Laurent, Saint Medard, el claustro de las Billetes y el refectorio de los Cordeleros. Se trata de lugares góticos sensiblemente diferentes a los construidos bajo la inspiración directa del abad Suger y de sus continuadores. El nuevo gótico es más recargado, la ornamentación domina sobre la línea vertical. El nuevo estilo -flamígero- no gusta excesivamente a los parisinos que, antes que gozarlo, lo sufren. También los valores han cambiado: el mundo, poco a poco, se ha vuelto antropocéntrico; estamos en los albores del Renacimiento. Ya no se trata tanto de crear instrumentos de elevación del hombre hacia la Divinidad (el gótico austero tradicional), sino de satisfacer los gustos sofisticados y las necesidades de la nueva clase emergente: la burguesía. París, cubre el vacío templario, adquiriendo un nuevo color, el del comercio y la industria. En 50 años, entre el reinado de Luis XI y Francisco I, París cambia de aspecto, mientras en la Sorbona bullen ideas nuevas.
            Francisco I -derrotado en Pavía por Carlos I, Emperador de Europa- era un hombre cultivado abierto a las ideas renacentistas. Promulgó ordenanzas sobre la pavimentación y alcantarillado de París; iniciará la construcción del cuarto cinturón defensivo de la ciudad. Reconstruirá algunos puentes del Sena y facilitará el contacto entre ambas orillas. Reformará el Hotel Carnavalet y el Louvre que seguirá siendo un fuerte, pero en sus alrededores se construirá un barrio. El rey adquirió un huerto próximo que había pertenecido al gremio de tejedores. Ese huerto fue transformado en un suntuoso jardín cien años después y aun se conoce como Las Tullerías (de Tuiliers = tejedores). París en ese momento se extiende a lo largo de 439 Ha., tiene 500 calles y 10.000 fuegos, o si se quiere, 400.000 habitantes. Las Iglesias de Saint Merry, Saint Eusteche y la famosa de Saint Gervais, son de esa época. Pero junto a los templos, proliferan las construcciones civiles: el College de France, el hospital de Enfants-Rouges, etc.
            Al morir Francisco I, estallan las guerras de religión que degeneran en Francia en una verdadera y prolongada guerra civil. La ciudad es incendiada y, por primera vez, se producen violentos incidentes entre facciones rivales en las calles de París. Por primera vez se elevan barricadas y se combate desde las ventanas.        Catalina de Medicis es, a continuación y durante unos años, la gran reina de París. Supersticiosa e imbuida de concepciones mágicas como los otros Medicis, un astrólogo le pronosticó que moriría "cerca de Saint Germain"; juzgando que el Louvre estaba demasiado próximo a la iglesia de la "orilla izquierda", Catalina se instaló en Soissons, en las proximidades de la actual Bolsa del Comercio. Allí instaló su gabinete de astrología del que solamente que una curiosa columna dórica.
            Tras el contingente italiano que acompaña a Catalina de Médicis y que se instalará en las inmediaciones del barrio hoy conocido como Place des Italiens en el Sur de París y en el Boulevard des Italiens en las proximidades de la Opera, es coronado Enrique IV. A él se debe la construcción del Pont Neuf bajo el que todavía circulan los bateau-môuches. En este período París sufre un nuevo estirón. Cuando Enrique IV es coronado a principios del siglo XVI, París parece el santuario de la miseria. Es insalubre y oscuro. El rey abordará reformas en profundidad. Las calles de la "orilla izquierda" eran hasta entonces estrechas, tortuosas y sórdidas. Gracias a él París empieza a ser la ciudad luminosa, ordenada y limpia que ha sido hasta hace poco. En aquella época París no conocía plazas; todo era un continuum de calles más o menos angostas. Enrique IV pone de moda las plazas, habitualmente con una estatua en el centro, en ocasiones con una fuente, muy a menudo aparecen grandes edificios bajo cuyos soportales se agrupan comerciantes y mercaderes. El paradigma de este período es la Place Royal que todavía puede visitarse. Bajo este reinado se termina también el actual Ayuntamiento de la ciudad. El estilo ya no es gótico, sino una imitación, de los modos clásicos, a menudo grosera y sin otro arte que el de los copistas. En sus 14 años de gobierno, Enrique IV cambió París.
6. Capital de las sociedades secretas
            De mediados del XVII a fines del XVIII, la monarquía vive su período de mayor fortuna, pero también, tras la muerte de Luis XV, se presagia lo peor: "Después de mí el diluvio". El diluvio llegó cuando el Louvre empezaba a cobrar su actual fisonomía y se habían construido buena parte de las calles que hoy conocemos y por las que podemos transitar: la rue Rivoli, bordeando el palacio del Louvre, la rue Saint Honoré, un poco más al interior, la lujosa Place Vendôme, lugar de la judería acomodada. Dos pequeños islotes situados tras el ábside de Notre Dame se unirán con escombros y urbanizándose en pocos años: la isla de Saint Louis. El estilo de la época es el neoclásico: aparecen nuevas y atrevidas cúpulas inspiradas en las antigüedades romanas. Algunas iglesias como Saint Gervais son modificadas en sus fachadas y al gótico tardío se superponen nuevas formas. El pastiche es, frecuentemente, lamentable. El Marais, entre tanto, está olvidado. Y sin embargo allí es donde va a desarrollarse uno de los dramas que sellarán la caída del antiguo régimen.
            En efecto, encarcelados tras su intento de fuga una vez iniciada la Revolución Francesa, la familia Real -Luis XVI, María Antonieta y sus dos hijos- son encarcelados en la fortaleza de los templarios constituida en prisión del Estado. El antiguo régimen hábía utilizado la vecina fortaleza de La Bastilla para presos políticos. Allí estuvo encarcelado el Marqués de Sade, período que aprovechó para escribir algunos de sus más atrevidas novelas.
            Cuando todo esto ocurre, París es un hervidero de conspiraciones. La masonería ha prendido pronto en la ciudad de la luz. Dos obediencias rivales se disputan la primacía y el reconocimiento de la Gran Logia de Inglaterra. Hasta poco antes de la revolución, se han refugiado en el interior de las logias, miembros de otras corrientes místicas: los discípulos de Martínez de Pasqually y los del "filósofo desconocido", Louis Claude de Saint Martin, situados en la órbita de un confuso misticismo cabalistico; junto a ellos han aparecido nuevas sectas. La más pujante es la de Franz Anton Messmer, cuyos experimentos sobre "magnetismo animal" han hecho furor. Delisle de Sales, que terminará casándose con la hija de nuestro Domingo Badía, alias "Alí Bey", encabezará un conventículo pitagórico del que surgirán ocultistas de la talla de Fabre d'Olivet. Messmer se instalará en la Place Vendôme y desde allí realizará sus curaciones milagrosas. Los Iluminados de Baviera han clavado allí sus siniestras garras. El abate Barruel, dos años después de que Luis XVI pasara por la guillotina, ya achacaba a la secta la paternidad de la revolución francesa.
7. La reconstrucción gótica de París: de Viollet a Fulcanelli
            Cuando Messmer inventa el "magnetismo animal", el siglo XIX acaba de inaugurarse. Cien años después, París se ha convertido en la capital indiscutible del ocultismo occidental. Pero será a costa de muchas desgracias. La revolución de 1789 fue una masacre, no solo de personas, sino de monumentos. Los estratos más virulentos -los comunistas de Hebert y los seguidores de Marat- destruyeron lo esencial del gótico parisino. Y no solo eso, sino que lograron que la ideología dominante, la burguesa, considerara el arte gótico como "arte bárbaro". La revolución no solo destruyó el fuerte del Temple y la Bastilla; tras la revolución, Notre Dame de París, Saint Denis, Saint Jean de la Boucherie y demás templos góticos, amenazaban ruina. Debió llegar un hombre providencial para que estos monumentos, legados por la antigüedad medieval, llegaran hasta nuestros días. Este hombre fue Emmanuel Viollet le Duc. Gracias a él y a la obra de Víctor Hugo, "El jorobado de París", se generó una opinión pública favorable para la reconstrucción de los monumentos arruinados con la revolución. Si Hugo fue el responsable intelectual de la renovación, Viollet, fue el director técnico de los trabajos. Nombrado Conservador de los Monumentos de Francia, acometió la incesante tarea de llegar allí donde los revolucionarios habían clavado su pica. De Chartres pasó a París, de París a la ciudadela de Carcasona, de Carcasona a Bourges y a Amiens, a Arras, a Toulousse y, Beauvais, la catedral gótica más alta de todo el orbe: 42 metros desde el suelo a las claves de bóveda. A partir de 1870, fecha en que se produjo la sublevación de La Comuna, Violet fue ayudado por un joven oficial de ingenieros que daría que hablar en los años siguientes. Violet supo infundir a este joven el amor por el arte gótico y la paciencia para desvelar su lenguaje secreto. Este oficial, escribió luego dos obras capitales en la alquimia occidental, que firmó con el seudónimo de "Fulcanelli".
            Tras Napoleón, París se extendió como una flecha desde el Louvre hasta L'Etoile, pasando por el Arco del Carrillón. Un monolito egipcio traído en la campaña de Napoleón marca el lugar en el que este eje se cruza con otro perpendicular: el que une la iglesia neo-clásica de La Madeleine con el edificio de la Asamblea Nacional. Es la plaza de la Concordia. A lo largo de esta zona son reconocibles las hazañas de los "napoleónidas", los nombres de cuyas batallas están inscritas en los muros que sostienen el arco de L'Etoile y, las más gloriosas, en torno a la tumba del Gran Corso bajo la cúpula de los Inválidos, hospital creado para atender a los numerosos heridos de las campañas.
            Su sucesor Luis Felipe y, posteriormente, Napoleón III -su mujer, Eugenia de Montijo, era espiritista convencida y ambos estuvieron siempre relacionados con círculos ocultistas de su tiempo- dieron a París un aspecto muy próximo al que conocemos en la actualidad. Distintas exposiciones internacionales sembraron París de nuevos monumentos de los que la Torre Eiffel es, sin duda, el mas significativo. Mientras, los Salones Rosacruces de Josephin Peladan y Stanislas de Guaita, las logias teosófistas y antroposóficas, los grupos satanistas y el esoterismo católico, florecieron por todos los barrios de París.
            El gran urbanista del siglo pasado fue Hausmann y, tras la Segunda Guerra Mundial, el arquitecto Le Corbussier, imprimió su sello en París en las nuevas construcciones universitarias. En tiempos más recientes, Pompidou remodeló la zona de Les Halles y Mitterand renovó el eje central de París con construcciones masónicas.
            De los nautas de ayer solo quedan los "bateau-mouches", lo cual no es poco, gracias a ellos podemos recorrer en poco más de dos horas lo esencial del París monumental.

ITINERARIOS MAGICOS
EL BLASON MAGICO DE PARIS
            Se han dado dos interpretaciones al nombre de París y, probablemente, las dos sean válidas. De un lado una corporación de bateleros fluviales llevaría ese nombre. De otro París sería una contracción de "Par Isis", por Isis, la diosa negra del Nilo, cuyo culto expandieron las legiones romanas hasta las fronteras del Imperio. En cualquiera de los dos casos, el escudo de París no deja de tener un evidente significado simbólico.
            Dicho escudo escudo puede verse en varias zonas de la capital, está formado por un barco cuyo casco, navegando sobre las aguas, tiene la forma de un creciente lunar. La vela del barco, por el contrario, tiene el aspecto de un triángulo invertido. Así el escudo de París es una reiteración de su etimología: si bien alude a los bateleros, nos dice muy claramente cual era la diosa tutelar de los parisinos de antaño: una diosa femenina (el símbolo del creciente lunar, la vela en forma de triángulo invertido, símbolo del agua y de la mujer y, finalmente, las aguas turbulentas, reiteración del símbolo femenino). París es, pues, una ciudad, puesta por sus antepasados bajo la advocación de la Gran Diosa Negra, Isis, transformada desde el siglo XII en forma de Virgen Negra. La cripta en la cual se le rendía culto está hoy abierta en el subsuelo situado en la Isla de la Cité, frente a Notre Dame.
LA RUTA DE NICOLAS FLAMEL
            Hubo un hombre llamado Nicolás Flamel. Su historia es la de una peregrinación. Vivió en el siglo XIV no lejos del actual Centro Pompidou. Hoy todavía algunos lugares y calles recuerdan su portentosa historia.
            Flamel nació a mediados del siglo XIV en Pontoise, hoy situado en la "banlieu" de París. Trabajó como escribiente y se instaló en las proximidades del cementerio de los Santos Inocentes. Luego se trasladó a las inmediaciones de Saint-Jacques de la Boucherie. Allí existía una gran iglesia gótica que rivalizaba en magnificencia con la no muy lejana Notre Dame. Saint-Jacques estaba situada cerca del Chatelet. Disturbios e incendios en el siglo XIX terminaron con esta iglesia monumental cuyo pórtico principal esta ornado con relieves herméticos que los alquimistas de todo el mundo venían a consultar. Los peregrinos franceses que se desplazaban a Compostela, solían concentrarse bajo sus naves. Hoy de esta iglesia solamente queda la Torre de Saint Jacques, último testigo de su grandeza.
            Tras perseguir inútilmente la fabricación de la piedra filosofal, Flamel abandonó a su mujer Perrenelle y marchó a Santiago de Compostela. En el camino tuvo la revelación y de regreso, encendidos los hornos, la obtuvo en pocas semanas. A partir de ese momento se dedicó a realizar obras de caridad y a infestar París de construcciones asistenciales, albergues para peregrinos, hospitales, etc. A pesar de que la vida de Flamel y de su mujer están suficientemente documentados, se trata, evidentemente, de figuras simbólicas: el nombre de Flamel evoca fuego, Nicolás, derivaba del término griego que indica piedra; por lo demás, el nombre de su mujer Perrenelle, indica que la "piedra estaba en ella" (Perre, contracción de Pierre, piedra; elle, ella en francés).
            La casa donde vivió el alquimista se encontraba en el Barrio de Saint Jacques de la Boucherie, en la esquina de la rue des Ecrivains y la rue des Marivaux. El lugar es ocupado hoy por la plaza que rodea la Torre de Saint Jacques. En el siglo XVI, en recuerdo del alquimista, se dieron los nombres de rue Nicolás Flamel y de su esposa, rue Perrenelle, a dos calles de este mismo barrio, la correspondiente al alquimista desemboca sobre la Plaza de Saint Jacques.
            En el número 51 de la rue Montmorency existe todavía una de las casas construidas por Nicolás Flamel para albergar a estudiantes pobres. En la planta baja del edificio existe una taberna que lleva el nombre del alquimista. Del edificio original subsisten los sótanos abovedados.
            En el Museo de Cluny se encuentran algunas piezas interesantes relativas a la alquimia y al hermetismo. Algunas de llas relativas a Nicolás Flamel. En la escalera que conduce a la sala donde están expuestos los tapices llamados de "La Dama del Unicornio". Canseliet y su maestro Fulcanelli pusieron de manifiesto las connotaciones herméticas de este relato: el fantástico animal, concluyen, es el símbolo del Mercurio hermético. Pues bien, no lejos de la sala del Unicornio, en este museo se encuentra la placa funeraria de Nicolás Flamel entre otras cinco lápidas adosadas al muro. En la parte baja de la lápida, puede verse un cadáver en descomposición, mientras que en lo alto, una estrella de nueve puntas brilla; la primera y la última fase de la obra están así, esquemáticamente, representados. Una filacteria muestra la leyenda: "De la tierra soy y a la tierra volveré".
LA RUTA DE FULCANELLI Y DE LA ALQUIMIA
            Cuenta una tradición que el último de los alquimistas conocidos que obtuvieron la Piedra Filosofal atendía al seudónimo de Fulcanelli. Hay que distinguir entre el "Fulcanelli-persona" y el "Fulcanelli-colectivo". El primero fue un practicante de la alquimia que, al parecer, fabricó la Piedra Filosofal; el segundo fue un colectivo de estudiosos formado en torno a la Librairie du Marveilleux; formaban parte de este círculo: los hermanos Dujols, el ilustrador Champagne, el egiptólogo Schwaller de Lubicz y el oficial de ingenieros que respondía al seudónimo de Fulcanelli. Champagne y Fulcanelli tenían íntima amistad con grandes de la cultura y la ciencia francesas: Anatol France (que pintó el clima alquímico parisino en aquella época en su obra "L'hosterie de la regne Pedauque"), Pierre y Marie Curie (con quienes compartió conversaciones sobre la naturaleza del átomo y de la materia) y, sobre todo, con el constructor del Canal de Suez, Fernando de Lesseps (antiguo embajador francés en Barcelona, francmasón y, él mismo, amante de la alquimia). Se conserva la casa en la Avda. Montaigne, donde vivieron los Lesseps y donde Fulcanelli operó en el horno de fusión. El hijo de Lesseps, también llamado Fernando, montó un laboratorio en la rue Vernier donde trabajo Champagne. El grupo se reunía en los locales de la Livrairie du Marvellieux, propiedad de los hermanos Dujols, en el número 76, de la rue de Rennes.
            Otro de los lugares frecuentados por Fulcanelli en París era el 59 bis de la rue de Rochechouard, que todavía existe. Allí, su amigo y alumno, Jean Julien de Champagne, ilustrador de sus obras, tenía una "garçoniere" en el último piso. Canseliet, vivió durante una temporada en otra habitación próxima en el mismo edificio. Ambos, Canseliet y Champagne fueron en 1926 a visitar al editor Jean Schemit a su domicilio del 45 rue Lafitte, con el manuscrito de "El Misterio de las Catedrales" bajo el brazo. En un principio apenas se tiraron 300 ejemplares. En España, desde 1969 se han vendido más de 50.000 ejemplares...
            Estos lugares, en los que ninguna placa recuerda los pasos del alquimista, dicen bien poco sobre la vida y la obra del último alquimista. Sin embargo, sus obras estuvieron consagradas a estudiar las "moradas filosofales" (soportes físicos de verdades herméticas). Gracias a él hemos podido conocer muchos de estos lugares en París y en el territorio de Francia.
LOS LUGARES HERMETICOS DE PARIS
            Un cierto número de moradas parisinas, ostentan símbolos herméticos que muestran fehacientemente que sus constructores pertenecieron al clandestino "gremio" de alquimistas que se concentraron en París entre mediados del siglo XV hasta finales del XVII. Una de ellas es particularmente hermosa. Situada en la Rue Le Regrattier, una de las calles transversales de la Isla de Saint Louis.
            Esta casa fue construida hacia mediados del siglo XIX, pero en el ángulo que va a dar al Sena, se encuentra un resto del edificio anterior, construido en el XVII. Se trata de la llamada "estatua de la mujer sin cabeza", que sostiene un vaso en la mano y muestra la inscripción "todo es bueno". Canseliet, el discípulo de Fulcanelli, al comentar esta mansión comenta que la copa representa el "disolvente universal" que aparece en la Obra Filosofal tras la culminación de la primera fase de la Obra. Si en el plano físico, esta fase corresponde a la putrefacción de la materia prima gracias a la acción del disolvente, psicológicamente, esta fase implica, en el alquimista, el traspaso de la conciencia del cerebro al corazón; de ahí que la estatua esté decapitada, como otras muchas que aparecen en catedrales e iglesias góticas.
            Si, tras la putrefacción, la materia prima puede reavivarse, es decir, si en términos herméticos, el muerto puede resucitar, es por que existe en el núcleo de su persona algo que no ha muerto. La alquimia medieval generó la leyenda del "Arbol Seco"; Adán se llevó un esqueje del Arbol del Paraiso y lo plantó en Hebrón. La rama floreció, pero cuando Cristo murió, se secó y solo volverá a florecer cuando un Emperador venido de Occidente cante misa bajo sus ramas. En Avignon, Cahors y en la Catedral de Barcelona, existen representaciones de ese "árbol seco" que muestran algunas hojas en la base: el árbol está seco, pero no muerto, tiene vida latente y, por eso puede resucitar. Pues bien, en París existe la Calle del Arbol Seco situada ante el Louvre, perpendicular a rue de Rivoli, de la que, a partir de ahora, conocemos el motivo de su nombre enigmático. Allí se situaba desde el 1300 un albergue que acogía a los pelegrinos llegados de Tierra Santa.
            Tras la revitalización de la materia prima, aparece la segunda fase de la Obra Hermética, la Obra al Blanco. Dicen los alquimistas que en esta fase se unen los dos principios, el activo y el pasivo, la materia prima y el "primer agente", lo masculino y lo femenino. No es raro que esta fase se represente con el símbolo del "Rebis" (contracción de Rex-bis = Rey Doble) o Andrógino (símbolo de la unión de ambos sexos). En París existe una "morada filosofal" en el número 47 del Boulevard Pereire, justo en la esquina con la rue Monbel. En la entrada encontramos el bajorelieve de dos adolescentes entrelazados; se trata, evidentemente, de una representación del andrógino. Para que no haya dudas sobre su significado hermético, el edificio nos muestra también a dos dragones a un lado y a otro, un dragón alado. En la esquina de la rue Monbel, existe otra representación del dragón enroscado sobre una viña. Representan tres estados da la Operatoria Hermética: los dos principios que se anulan uno al otro, el principio volatil liberado y fijado finalmente en torno a la materia renovada (la viña fuente primaria del "agua de vida", el vino).
            Otros símbolos herméticos clásicos pueden verse en la fuente de Vertbois (Vert bois = madera verde). Construida en 1633 por los benedictinos de Saint Martin des Champs, fue desplazada de su lugar originario y se encuentra hoy en la esquina de la rue du Vertbois con la rue de Saint Martin. La fuente muestra un navío acompañado por un delfín. La nave, muestra una vela elevada sostenida por cabrestantes en forma de X, símbolo hermético del crisol. Un caduceo de mercurio, símbolo de la Obra Alquímica consumada, puede verse también en la fuente. El frontón de la fuente actual es una copia del original, se encontraba una concha de Santiago, sostenida por dos alas. Es el símbolo del Mercurio de los alquimistas.  
            Estos mismos símbolos pueden verse en el Museo del Louvre, en la Sala de Antigüedades Egipcias. Esta sala es, en su conjunto, un agregado de motivos herméticos propios de la antigua religiosidad egipcia. Sobre el sarcófago de Poeris, sacerdote tebajo, pueden verse emblemas alquímicos similares a los utilizados aun hoy por los estudiosos del Noble Arte de la Alquimia. Es particularmente visible Saturno, pintado con el color verde.
            Otro lugar repleto de símbolos esotéricos y herméticos es el Observatorio de París. Dos puntos son particularmente interesantes en ese lugar: la fuente, en la que cuatro tritones (caballos marinos) sostienen una peana sobre la que se encuentran cuatro figuras femeninas aguantan la bóveda del cosmos. Este se ve representado con los doce signos del Zodíaco. El edificio del Observatorio delimita la longitud y la latitud de París. En otro tiempo existió allí una Virgen Negra, que, según Fulcanelli, es réplica de la de Chartres. En 1671 todavía quedaban huellas de esta Virgen Negra en unos versos grabados en piedra que invocaban el nombre de Nostre-Dame de Dessoubs Terre, es decir Nuestra Señora Subterránea. La Virgen se encontraba bajo las escalezas de las bodegas del Observatorio.
            Cuando el visitante se acerca al Centro Pompidou o a Les Halles, debe necesariamente visitar la Iglesia de Saint Merri. Este Santo -llamado a veces Saint Mederic- es redentor de cautivos. La iglesia, a pesar de su aspecto gótico, fue construida en el siglo XVII. Solo la capilla es del XIV. Entre otras figuras de inspiración hermética puede verse una pequeña imagen de Satán con senos femeninos sentado entre dos ángeles en lo alto del pórtico principal. Si seguimos observando los motivos ornamentales de la Iglesia descubriremos muchos elementos extraídos del Tarot y que tienen muy poco que ver con la iconografía cristiana.
            Finalmente, la Sainte Chapelle es otro de los paradigmas herméticos que el visitante interesado por lo oculto debe conocer. La Sainte Chapelle tiene una técnica constructiva diferente de Notre Dame. No hay ni muros ni arbotantes, todo se sostiene a base de contrafuertes. Entre cada uno de ellos se encuentran altos ventanales cubiertos con vitrales. Todo el techo de la Sainte Chapelle está decorado como si se tratase de la bóveda celeste. Pues bien, estos vitrales, especialmente los de la fachada Sur, fueron elaborados por procedimientos alquímicos. En cuanto a los temas Fulcanelli nos dice de ellos que son "la colección más considerable de fórmulas del esoterismo alquímico" y cita como ejemplo los símbolos que aparecen en el vitral que representa la Masacre de los Inocentes.
EL PARIS MASONICO
            París es una ciudad en donde las huellas del pasado y del presente masónico son más evidentes. Desde mediados del siglo XVIII, durante todo el siglo XIX y hasta el gobierno de Mitterand, se han sucedido vertiginosamente las construcciones y los monumentos de inspiración masónica.
            A pocos metros donde fueron ejecutados Luis XVI y María Antonieta, en el Puente de la Concordia, se encuentra el edificio de la Asamblea Nacional. En el frontispicio puede verse un alto relieve que muestra la República con sus atributos femeninos, ostentando el lema masónico-republicano "Libertad-Igualdad-Fraternidad", entre dos ramas de acacia, el árbol sagrado de la masonería. A un lado se encuentra la alegoría de la libertad y al otro del orden, en la periferia se mueven diversos genios. El tema está inspirado en la literatura masónica de principios del XIX.
            En las proximidades de Sainte Genevieve se encuentra el Pantheon, donde están enterrados los hombres y mujeres ilustres de la historia reciente de Francia. En el frontispicio, una imagen femenina, la Patria, distribuye coronas a Monge, Manuel, Laplace, La Fayette y Voltaire, todos ellos masones. Pueden verse ramas de acacia y los signos masónicos de la escuadra y el compás.
            Apenas a cien metros del Pantheon, al otro lado de la montaña de Sainte-Genevieve se encuentra el edificio del Instituto Politécnico (Escuela de Ingenieros). Se trata de la zona más atractiva del Barrio Latino, junto a Saint-Michel. El Politécnico fue siempre una fábrica de élites. Allí, los alumnos recogieron en los años 30, la herencia de Saint-Yves d'Alveydre, el gran ocultista francés del siglo XIX, y constituyeron el Movimiento Sinárquico del Imperio. También de ahí surgió La Cagoule (la capucha), movimiento de extrema-derecha inspirado en las ideas sinárquicas de Alveydre.
            El Politécnico contó entre sus fundadores con la presencia de dos masones, Monge y Laplace, el naturalista. En el bajo relieve situado a la izquierda del pórtico principal, se pueden ver distintas alegorías masónicas: el atanor (horno de los alquimistas), la escuadra, el nivel, el reloj de arena.
            En el Arco del Triunfo de la Place de l'Etoile pueden verse algunas alegorías masónicas. Dos de los escultores a los que se debe buena parte de los relieves, Rude y Cortot, eran, igualmente, masones. Del propio Napoleón se ha dicho que fue iniciado en Roma en una Logia de Rito Egipcio. Lo cierto es que la mayor parte de su familia estaban integrados en Logias. Su cuñado Murat llegaría a ser Gran Maestre de la Masonería, mientras que José Bonaparte ocuparía el cargo durante largo tiempo.
            Existen monumentos desperdigados por París en los que la influencia masónica es visible. En la Place Nation se encuentra la estatua de "La República Triunfante". Los símbolos masónicos están situados en la peana. En Vincennes, las dos columnas dóricas evocan las dos situadas en todos los templos masónicos: Jakin y Boaz. El barón Taylor, alto dignatario del Rito Escocés, tiene su lugar en el París masónico en la plaza de Johann-Strauss. En la peana son visibles las ramas de acacia y los instrumentos masónicos. Una reproducción de la estatua de la libertad, idéntica a la situada en el puerto de Nueva York, y a la que se encuentra en el interior de la biblioteca Arús en Barcelona (biblioteca masónica por excelencia), se encuentra en París sobre uno de los puentes del Sena. Construida a escala 1/5, como su hermana mayor neoyorquina, alza la prometeica llama del conocimiento con la mano derecha.
            En el cementerio de Montparnase abundan las tumbas con símbolos masónicos. La tumba del diputado radical socialista André Pétrot es la que cuenta con una mayor carga simbólica: escuadra, compas, acacia, letra G, etc. No es la única que encontraremos. Y otro tanto ocurre en el cementerio de Pere Lechaise. El monumento a los Derechos Humanos situado en el Campo de Marte, reproduce de nuevo el simbolismo estilizado de las dos columnas del templo masónico. Finalmente, en el square des Epinettes se encuentra la estatua a Marie Deraismes, fundadora del primer rito masónico mixto, el Derecho Humano. Su sede se encuentra en la rue Jules Breton, en el Distrito XIII.
            Pero ni siquiera el Louvre, redecorado en el siglo XIX por arquitectos y artistas masónicos, se ve libre de esta marejada de símbolos. No solo en el interior del Louvre se guardan piezas -especialmente en la galería egipcia- de gran riqueza esotérica e iniciática, sino que en las fachadas, no falta la inspiración masónica y hermética. En el frontis que va a dar a la Cour Carré, el gallo irradiante está situado en el interior de un círculo que no es otro que el Ouróboros, la serpiente que se muerte la cola. En la fachada opuesta que va a dar al Sena, se encuentra una representación del caduceo de mercurio sobre el "toque masónico" (dar la mano extendiendo el índice hasta tocar la otra muñeca) junto a los instrumentos masónicos por excelencia: la escuadra y el nivel. Idénticos símbolos encontraremos en los artesonados que ornamentan el interior del edificio de la Bolsa.
            Las construcciones realizadas por Mitterand entran dentro de este contexto masónico. Nunca, desde 1901, la masonería había tenido tanto poder en Francia, como en la época de Mitterand. Gracias a su impulso se realizaron tres construcciones que entran dentro de la tradición arquitectónica de la masonería: el Arco de la Defense, situado en el eje central de París. Se trata de la estilización de una piedra cúbica, símbolo del grado de Compañero, segundo en la jerarquía masónica. En el otro extremo, entre los salas del Louvre, en la Cour, la Pirámide. Formada por 666 rombos de vidrio unidos por una estructura de acero, la pirámide remeda las antiguas construcciones egipcias, pero es también símbolo del Grado de Maestro Masón, el tercero de la masonería. La última construcción masónica de Mitterand, iniciada bajo su mandato y todavía no concluida, es la Biblioteca Nacional. La planta del edificio está formada por cuatro escuadras estilizadas.
            Y es que París sigue siendo, en definitiva, un laberinto masónico. Por cierto, si alguién quiere ir directamente a las oficinas de la veintena de obediencias masónicas que existen en París no tiene nada más que consultar "Minitel" o las "páginas amarillas". Las sociedades secretas ya no son lo que eran...
LA SOMBRA DE LOS MISTERIOS TEMPLARIOS
El barrio del Temple, antes llamado "de los templarios", se extiende hoy entre la Plaza de la Republica y la Iglesia de Saint Nicolas des Champs. Sin embargo las posesiones del temple eran mucho más extensas y se extendían a lo largo de toda la orilla derecha del Sena. Los terrenos hoy ocupadas por las plazas de Nation, Republique y, naturalmente, la Bastille, pertenecieron en otro tiempo al Temple, cuyos tentáculos llegaron hasta el barrio de Saint Jacques de la Boucherie.
            La plaza de La Bastille se abrió tras derribarse la fortaleza del mismo nombre, desde donde se dirigían todas las encomiendas de la Orden. Solamente tras abrir el Metro de París se descubrió que quedaban un resto del basamento del fuerte que hoy puede visitarse en el interior de la estación de Bastille. En 1830 se levantó un monumento en memoria de los revolucionarios muertos en esta ocasión, adornado con el muy masónico "Genio de la Libertad" sobre una columna a 52 m. de altura. Los muertos de las revoluciones de 1830 y de 1848 fueran enterrados en el subsuelo.
            La tradición de órdenes militares y de banco de metales preciosos prosigue en la actualidad. En efecto, equidistante de la Place de la Republique y del Carreau du Temple, se encuentra la iglesia de Sainte Elisabeth, hoy iglesia de los Caballeros de Malta, sucesores de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, rivales de los templarios en las cruzadas. El Carreau du Temple y los Jardines del Temple anexos, fueron en otro tiempo, dependencias de la Orden. Los templarios fueron hábiles banqueros y especuladores, tradición que ha proseguido en el barrio, donde hoy se encuentra el "Hotel de la Garantie", sociedad estatal donde se operan los controles de metales preciosos y joyas.      
            En 1808 la Torre de los Templarios fue destruida hasta los cimientos para evitar las peregrinaciones monárquicas. Allí había estado encerrada la familia real antes de ser guillotinados y allí desapareció el Delfín, convertido, a partir de entonces, en "rey perdido". El lugar se llama hoy Carreau du Temple. La Iglesia del Temple de París, allí situada, se componía de una sola nave y, cosa frecuente en las construcciones templarias, con una inmensa rotonda en el centro. Poseía seis pilares unidos con doce trasaños que formaban, sobre el plano, una estrella de seis puntos, el sello de Salomón de los Alquimistas y el Escudo de San Miguel. Allí se encontraba la Cripta. En el período inmediatamente posterior a la ejecución de los templarios, circuló por toda Europa una persistente leyenda sobre este lugar: cada año en la noche que había sido decretada la abolición de la Orden, el espectro de un templario que algunos identificaban con Jacques de Molay, aparecía a medianoche en la cripta del Temple. Una voz sepulcral preguntaba: "¿Quién liberará Jerusalén?" y el mismo eco respondía "Nadie por que el Temple ha sido destruido".
            El lugar donde fueron ejecutados Molay y su compañero Geofrey de Charnay no está marcado por signo alguno; las orillas del Sena se han modificado desde 1307. Sin embargo, el visitante lo puede ubicar con cierta facilidad. La ejecución tuvo lugar en la llamada Isla de los Judíos, donde antes se habían ejecutado a algunos rabinos. Estaba próxima a la orilla izquierda del Sena, entre la Isla de la Cite y la de Saint Louis. Allí se clavaron dos postes de encina que habían servido para amarrar barcos; estaban húmedos y eso impedía que ardieran. Se utilizó poca leña para quemarlos a fuego lento. Cuando las llamas habían sido prendidas Jacques de Molay maldijo al Papa y al Rey y les emplazó ante el tribunal de Dios a 40 días y a un año vista. Así ocurrió, efectivamente, ambos murieron antes de transcurrir dicho plazo.
NOTRE-DAME DE PARIS: PARADIGMA HERMETICO
            Víctor Hugo describió a Notre-Dame como el "manual más satisfactorio de la ciencia hermética". A lo largo del siglo XIV, los alquimistas de París se encontraban, cada sábado, ante la fachada principal, para estudiar los medallones herméticos.
            Lo esencial del simbolismo alquímico de Notre-Dame se encuentra en la base del pórtico principal, bajo el llamado "porche del Juicio"; el situado en el centro. En la columnilla que sostiene el dintel de la puerta se encuentra un medallón de aproximadamente 50 cm. de diámetro que es el paradigma de la alquimia: una mujer  -que representa a la Alquimia- sentada en un trono, su cabeza toca las ondas del cielo. En la mano izquierda ostenta el cetro del arte real, en la derecha, tiene dos libros, uno abierto y otro cerrado (la materia sin trabajar y la materia "penetrada" por la filosofía hermética"). Ante sí, la Dama Alquimia tiene una escalera con los nueve peldaños de la perfección (las nueve operaciones que conducen a la obra hermética). A uno y otro lado de está puerta se encuentran dos series de medallones que muestran los distintos elementos y operaciones alquímicas. Algunos están muy deteriorados, otros en cambio, son perfectamente comprensibles. Ni uno solo de ellos es susceptible de una interpretación "religiosa" o "devota". Veámoslos rápidamente:
            Parte superior, a la izquierda:
- Un hombre parado ante una fuente.- es la fuente de vida de la que hablan los textos herméticos.
- Un caballero con armadura sobre las almenas de un fuerte. Tras él atanor (horno) arde; es el símbolo de la cocción.
- Un cuervo, símbolo de la Obra al Negro, fase de putrefacción.
- Caduceo de Mercurio, símbolo de la Obra realizada, de los dos principios opuestos (las serpientes), superados (la vara central)
- Mujer con salamandra en un medallón: símbolo del fuego y de la calcinación (la salamandra se dice que soporta las llamas).
- Varón con medallón en el que se ve un carnero: símbolo del principio metálico masculino.
- Oriflama con tres pennons: los tres colores por los que atraviesa la materia prima en el matraz (negro, blanco, rojo).
- Mujer con medallón en el que se ve cruz griega, es la Filosofía; a lo alto, el sol y la luna, azufre y mercurio respectivamente.
            Parte superior, a la derecha:
- Mujer con medallón en el que se ve un atanor (horno de fusión). En la obra mano sostiene una piedra en bruto (materia prima).
- Mujer con medallón que incluye un glifo: guardián del oro, formado por águila y león, unión de los opuestos.
-  Mujer con un fragmento de madera en el medallón (principio vegetativo y pasivo).
- Mujer con medallón en el que se ve animal mixto de gallo y zorro (símbolo del Azufre rojo e incombustible).
- Toro esculpido en un disco. El toro, animal consagrado al Sol, representa el Azufre, principio masculino de la Obra.
- Caballero provisto de armadura y espada. El medallón-escudo muestra un león (símbolo del oro alquímico).
            Parte inferior izquierda (algunos medallones inferiores -el 5º y el 11º- han sufrido los destrozos del tiempo y apenas puede distinguirse nada):
- Caballero aproximándose a la montura: el caballo símbolo de rapidez  ligereza contrapuesto al principio metálico pesado.
- Un personaje en movimiento nos muestra espejo (gracias al cual se alquimista ve los secretos de la naturaleza) y cuerno abundancia (fase final de la obra: la multiplicación); cerca el Arbol de la Vida.
- Personaje con balanza: todo en la Obra debe ser medido y pesado.
- Anciano apoyado sobre piedra: es Saturno, emblema de la primera fase de la obra, obra al negro o putrefactio.
- Un personaje (alquimista) ve a una mujer en el espejo (la naturaleza a investigar, observar, descubrir e imitar).
            Parte inferior derecha:
- Un personaje va a cruzar el umbral de palacio: imagen del aprendiz que va a penetrar en los misterios de la alquimia.
- Dos niños pelean: principio fijo y volatil que hay que armonizar a lo largo de los trabajos herméticos.
- Reina sentada que derriba a joven arrodillado: representa la disolución de la materia prima para obtener el Mercurio.
- Guerrero con espada en tierra, mira a un carnero al pie de un árbol que lleva tres enormes frutos; cerca un árbol con un pájaro: alusión a Jasón en el Jardín de las Hespérides.
Otros temas herméticos complementarios se encuentran en Portal Norte o Pórtico de la Virgen. Entre otros se encuentran los doce signos zodiacales. También el Portal Sur o de Santa Ana muestra algunos signos de inequívocara raíz hermética, entre otros, la imagen de San Marcelo, que indica la "vía seca", una técnica específica de trabajo sobre la Materia Prima. La leyenda de San Marcelo, lo incluye entre los "matadores de dragones".
            Vale la pena reparar en el interior del Templo en algunos detalles: los vitrales, especialmente el gran rosetón central, reproducen en el vidrio emplomado y tratado alquímicamente los motivos ya comentados de los porches (hay que decir que uno de los experimentos que realizaron miembros del "Colectivo Fulcanelli" -Schwaller y Campagne- fue reproducir el rojo y el azul alquímico de los vitrales góticos por procedimientos herméticos).
            Así mismo, si el visitante tiene la oportunidad de visitar Notre Dame un 21 de junio, entre las 14 h 15' y las 14 h 30', situándose en la parte derecha del crucero, dando la espalda al rosetón Sur, cerca de los tres escalones que conducen al deambulatorio próximo al coro, asistirá a un fenómeno sorprendente. Un rayo de solsticial va a parar justo al pilar derecho del coro; primero tiene forma de círculo, luego de óvalo y, finalmente, se transforma en un corazón de poco más de 30 cm. El rayo parte de una hábil perforación realizada en el rosetón sur. Parece que en otro tiempo hubo allí una estatua que, una vez al año, quedaba iluminada por el rayo. Hemos contemplado fenómenos análogos en Chartres y en varias encomiendas templarias.
            Finalmente, vale la pena recorrer los más de trescientos peldaños de la escalera de caracol que, por el interior de la torre izquierda, nos conducirán hasta la azotea de Notre Dame. Allí podremos ver las famosas "quimeras" reconstruidas algunas e inventadas otras por Viollet le Duc. Monstruos mitológicos, símbolos alquímicos y la imagen inequívoca del alquimista tocado con su gorro frigio, observar, desde las alturas, la agitada vida parisina. Apenas treinta escalones más y accederemos al entramado de madera que sostiene las gigantescas campanas. En estos oscuros lugares se desarrolla la trama de "El Jorobado de París" de Víctor Hugo. Aun hoy el guía turístico -un jamaicano- comenta la visita presentándose: "My mane is Quasimodo"...
MAGIA, OCULTISMO, ESPIRITISMO
            Ya hemos dicho que París fue el centro del ocultismo mundial en el siglo XIX. Ya en el siglo XII apareció un personaje notable que ganó merecidamente fama de filosofo, mago y alquimista: San Alberto Magno. Practicante de la alquimia, las leyendas urdidas en torno a su figura nos lo presentan como un hábil taumaturgo. Los parisinos desconfiaron de él. Le llamaban "el mauvais Albert", el malvado Alberto. Ochocientos años después de su muerte, su nombre sigue presente en el callejero de París en la Place Maubert (contracción de "mauvais" y Albert), en pleno barrio latino donde vivió.
            Eliphas Levi en su monumental "Historia de la Magia" explica que durante un período se albergó en un hotel de la rue Vavin, situado a pocos metros del famoso restaurante La Coupole del boulevard Montparnase y del Boulevard Raspail. Este pequeño hotel, remodelado, existe todavía hoy. Levi no fue el único ocultista que se alojó en él. Treinta años después, Aleister Crowley, el mago y satanista británico fue a parar al mismo hotel. Otros intelectuales y artistas pasaron por allí. Levi explica que desde ese hotel pudo ver el estallido de la revolución de 1848, instigado por las sociedades secretas y los grupos masónicos y utópicos. Bastó con que un joven enloquecido que había escapado del hospital psiquiátrico de La Salpetriere, poseído de una furia satánica, se pusiera a tocar un tambor en el centro de la calzada de la rue de Rennes, para que tras él se concentrara una multitud enfurecida. La Salpetriere estuvo dirigida, poco después, por el famoso profesor Charcot, hipnotizador capaz de inducir síntomas de histeria en sus pacientes o de eliminarlos mediante el trance. Freud trabajó unos años en La Salpetriere a las órdenes de Charcot: su fracaso como hipnotizador le llevó a crear el psicoanálisis.
            En el barrio de Opera se albergaron los dos salones rosacrucianos de Stanislas de Guaita y de Josephin Peladan, disidente del primero. No lejos de allí, en un hotel de Place Vendôme hoy convertido en sociedad de joyería, Franz Anton Messmer estableció su centro de curaciones y de práctica de "magnetismo animal". Los teósofos inspirados en la Blavatsky abrieron su primera logia parisina, la Logia Isis, en el boulevard de Port Royal. Edouard Schouré, autor de "Los grandes iniciados" fue uno de sus más altos grados. Los espiritistas de Allan Kardec tuvieron centros de difusión de sus ideas en todos los barrios de París. Cien años después apenas queda de ellos el recuerdo y la tumba de Allan Kardec en el cementerio neo-romántico del Pere Lechaise. Su tumba, la más adornada de flores de todo el cementerio, está situada cerca del Columbario. Es de las más céntricas; se encuentra en la calle que se inicia en la misma puerta del cementerio, entrando por la plaza Gambetta. En otro tiempo podían introducirse los brazos en la tumba, por sendos agujeros y tocar el féretro de Kardec. Muchos espiritistas, al hacerlo, entraban en trance. No lejos de la tumba de Kardec, se encuentra la del historiador Michelet cuyas obras sobre el templarismo, la caballería y la brujería medieval, son todavía hoy consultadas por los estudiosos.
            En el Quai de Montebello, en la "rive gauche", frente a Notre Dame, a pocos metros del Boulevard Saint Michel, se encuentra la famosa librería Editions Traditionelles, inspirada por el gran esoterista René Guenon. Hoy es, sin duda, una de las mejores librerías esotéricas de París. René Guenon, durante su estancia en París, residió en un apartamento de la Isla de Saint Louis, en la calle del mismo nombre. Allí fue objeto de "ataques psíquicos" de grupos satanistas que llegaron a destrozar parte del mobiliario, vidrios y espejos. 
            Episodios parecidos ocurrieron en la misma época protagonizados por magos rosacrucianos, satanistas y esoteristas católicos. En 1895 estaló lo que se llamó "la guerra de los magos" que afectó a grandes de la intelectualidad y del ocultismo francés. La "guerra" se resolvió finalmente con un duelo entre Jules Bois y Stanislas de Guaita. El duelo tuvo lugar en Vincennes. Antes de llegar Bois sufrió dos accidentes que atribuyó a los "magos negros".
            Quizás el más siniestro de todos estos "magos negros" fue Georges Monti, de nombre iniciático, "Marcus Vella". Relacionado con círculos rosacrucianos, secretario de Peladán, franc-masón y satanista, inspiró el grupo rosacruciano con el que contacto el padre Berenger Sauniere, protagonista del misterio de Rennes-le-Château. "Marcus Vella" inspiró la asociación Alpha Galatas en los años 30 que presidió Pierre Plantard, luego Gran Maestre del Priorato de Sión. "Vella", finalmente, resultó asesinado en su domicilio del 80, rue Rocher, un inmueble que todavía existe.
            Cerca de la Place de Saint Michel se encuentra la mejor librería especializada en hermetismo y alquimia, en la rue du Chant qui Pèche. Allí es posible tomar contacto con grupos de hermetistas y, en cualquier caso, realizar "buenos contactos".
EL PARIS DE LOS "COMPAGNONS": DE NOTRE DAME A LA TOUR EIFFEL
            Una de las instituciones mas antiguas, enigmáticas y tradicionales de Francia es el "compagnonage". El término equivalente sería "gremialismo". Los "compagnons" son los miembros de las corporaciones gremiales. De la misma forma que los guerreros se agruparon en torno a las Ordenes Militares y la vocación sacerdotal se organizó en Ordenes Religiosas, la tercera casta, la burguesa, tuvo sus Ordenes Gremiales. En Francia alcanzaron gran peso desde la más remota antigüedad. Ya hemos visto que los primitivos parisinos constituían una corporación de navegantes.
            Las legiones romanas trajeron nuevas corporaciones. Los templarios apoyaron a algunas hermandades gremiales. La Revolución Francesa las obstaculizó primero y prohibió después; el sindicalismo, limitó su influencia, pero hoy todavía siguen existiendo con un vigor renovado y los profesionales salidos de sus filas son apreciados. Los "compagnons" utilizan técnicas de construcción y carpintería propias de la Edad Media. Su valor en restauración de inmuebles y monumentos medievales es incalculable.
            En París existen distintos centros de "compagnons". Para ellos la palabra "deber", quiere decir, profesión. La "Asociación Obrera de los Compañeros del Deber de la Vuelta a Francia" tienen su centro instalado en el nº 1 de la Plaza de Saint-Gervais. Esta asociación ha integrado dos asociaciones históricas: los Hijos del Maestre Jacques y los Hijos del Padre Soubise. La Federación Compagnonica de los Oficios de la Construcción fue fundada en un período más tardío, si bien sus raíces parten de los antiguos Compañeros del Deber de la Libertad. Su sede se encuentra en el 161 de la avenue Jean Jaurès; la mayoría de sus miembros son carpinteros. La tercera -y más pequeña- federación es La Union Compañónica de los Deberes Unidos, creados por Agricol Perdiguier, el reformador del movimiento en el siglo XIX. El ritual de acceso todavía hoy incluye, entre las preguntas rituales: "¿Cuáles son tus nuevos maestros?" y la respuesta: "El maestro Jacques, Jacques de Molay, Gran Maestre de los Templarios y el Padre Soubise, monje benedictino, arquitecto de catedrales".
            En las tres fraternidades pueden encontrarse rasgos similares a la masonería, que precedieron en el tiempo. Los "compagnons" celebran sus iniciaciones en templos decorados con un notable simbolismo esotérico, muy similar al de las logias masónicas.
            El acceso al grado de "maestro", el tercer nivel de aprendizaje, implicaba la realización de una "obra maestra": un trabajo manual en el curso del cual los nuevos maestros demostraban su pericia. Las "obras maestras" quedan en poder de las fraternidades que han sembrado toda Francia de museos que las exponen. Paradójicamente en París no existe ninguno propiamente "compañónico". El principal se encuentra en Tours (8, rue National). Sin embargo distintos museos de arte y etnología recojen algunas "obras maestras" de los "compagnons" (Museo del Hombre en el Palais Chaillot).
            Todas las construcciones importantes de París, sin excepción se han construido con el concurso de esta sociedad de artesanos ligados por el juramento de secreto. La pericia de los "compagnons" se puso de manifiesto en el siglo pasado cuando ayudaron a Viollet le Duc a restaurar todo el gótico destruido con la revolución. Entre 1887 y 1889, trescientos "compagnons" dirigidos por Eiffel construyeron la torre que lleva su nombre. El ingeniero no se fiaba de otros operarios que no hubieran sido educados por los gremios.
            Cien años después esos mismos gremios la restauraron. Fue así como la historia de París se cerró sobre sí misma. El primer menhir que encontraron los romanos en la isla de La Cité, encontró su réplica, dos mil años después, en este otro monumento surgido de la revolución industrial, hecho con 500.000 pequeñas piezas metálicas. Situada frente a la colina de Chaillot, una de las cinco que divisaron los legionarios de Augusto, la Torre Eiffel quiso ser el gigantesco pararrayos de París; la estructura debía captar la ira de los dioses del cielo, de la misma forma que el primitivo "Pilón de los Nautas" se alzó para canalizar las energías telúricas que fluyen en aquel meandro privilegiado del Sena. Dos épocas distantes, dos ideas opuestas para una misma ciudad.

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