Wednesday, May 13, 2015


Hay un camino bastante largo para vivir más tiempo gracias a nuestra dieta. Se trata, básicamente, de seguir una alimentación sana y equilibrada que nos ayude a mantener lejos las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y algunos cánceres que se derivan del sobrepeso. Parece ser que hay otro más corto, pero también más peligroso, para aguantar más tiempo en este mundo, como insisten recientes investigaciones sobre la incidencia de la cantidad de alimentos que consumimos en nuestra longevidad, y que sugieren que descendiendo la cantidad que ingerimos, podemos vivir más.
La más reciente de ellas ha sido publicada en el último número de Rejuvenation Research, y señala que una dieta de atracón-o-hambre puede ayudarnos a sortear enfermedades asociadas con el envejecimiento. Los investigadores midieron el peso, la presión arterial, la tensión, los niveles de glucosa y de colesterol, la inflamación y los genes que participan en la protección de las células en un grupo de 24 personas que hizo ayuno de forma intermitente durante 10 semanas.
En concreto, la dieta del grupo experimental alternaba ayunos casi completos (en los que comían el 25% de su ingesta calórica diaria media; es decir, alrededor de 650 calorías) y días de atracones (en los que ingerían alrededor del 175% de lo que habrían comido un día normal; alrededor de 4.550 calorías). Los días de ayuno, los participantes podían comer galletas Oreo, patatas, rosbif o sorbetes de naranja; los días de atracón, comida más saludable, como yogures, sándwiches de pavo o puré de manzana, mezclada con comidas calóricas como el helado de vainilla, tarta de limón o barritas Snickers
Hace falta un poco de dolor, algo de inflamación y algo de estrés oxidativo para que se produzca la regeneración
Aunque pueda parecer que el ayuno presenta más dificultades, el estudio explica que para los participantes los días de atracón fueron más complicados. La investigación señala que el estrés oxidativo que se produce durante los períodos de ayuno prolongados activa el gen y la proteína SIRT 3, que funciona como una supresora del tumor mitocondrial y ayuda a vivir durante más tiempo.
Los efectos de los excesos
Este efecto se produce, como recuerda un artículo publicado en Scientific Blogging, porque las mitocondrias de nuestro organismo tienden a optimizar la energía de la que disponemos. Es un paso más allá de aquel estudio que señalaba que, en los ratones, un 40% menos de comida en la dieta de una rata aumentaba la duración de su vida en un 20 o un 30%, pero que era difícilmente trasladable a los seres humanos.

No se trata de comer menos, sino de no comer en absoluto. (iStock)
No se trata de comer menos, sino de no comer en absoluto. (iStock)
Mejor que hacer ayuno, señala la investigación, es comer muy poco durante unas cortas temporadas –y así engañar a nuestro metabolismo– con atracones para recuperar el tiempo perdido. La clave se encuentra en los antioxidantes: el SIRT 3 se activa con el estrés oxidativo, que a su vez aparece cuando el cuerpo produce más radicales libres que los que es capaz de neutralizar con los antioxidantes y que, en un nivel bajo, puede ser beneficioso para el cuerpo. Cuando el grupo participante en el estudio consumía suplementos antioxidantes, como la vitamina C o la E, el efecto no se reproducía.
“La hipótesis es que si el cuerpo está intermitentemente expuesto a bajos niveles de estrés oxidativo, puede producir una mejor respuesta ante ello”, ha explicado Martin Wegman, el principal responsable de la investigación. “Hace falta un poco de dolor, algo de inflamación y algo de estrés oxidativo para que se produzca la regeneración o la reparación”, ha explicado Christiaan Leeuwenburgh, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Florida.
Al final de las tres semanas de prueba, los participantes que habían llevado a cabo la dieta habían visto aumentar las cantidades de proteínas SIRT 1 y SIRT 3, las mismas que estudios previos habían relacionado con una mayor longevidad. Además, esta dieta intermitente hacía descender los niveles de insulina de los participantes, lo que significa que puede tener también efectos antidiabéticos. Se trata de un peculiar camino para alargar nuestra vida, y que por supuesto no debemos tomar por nuestro propio pie, pero que sí puede dar lugar a nuevos descubrimientos que nos permitan vivir más y mejor en el futuro cercano.

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