Tuesday, December 09, 2014

La técnica genética "que lo cambiará todo" desata una guerra de patentes

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“Esta tecnología lo cambiará todo”, aseguraba el editor de la revista MIT Technology Review, Jason Pontin, hace menos de un mes. Se refería a CRISPR, una prometedora técnica de edición génica que ya fue seleccionada hace un año por su potencial para transformar el mundo. Ahora, este nuevo método que permite hacer cambios genómicos con facilidad y precisión se ha visto envuelto en una batalla para decidir su autoría.
CRISPR Therapeutics, Editas Medicine e Intellia Therapeutics son las tres startups que luchan en este Juego de Tronos de patentes de laboratorio. Y todo por una técnica de edición génica que todavía no ha dado sus frutos, pero que tiene la capacidad para convertirse en una industria de miles de millones de euros.
“La patente es una fórmula algo obsoleta”, afirma a Teknautas el presidente del Comité Científico de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO) y expresidente del CSIC, Emilio Muñoz. El experto en política científica considera que hoy en día la investigación tecnológica es tan compleja y requiere tantos pasos que su protección intelectual es muy complicada, porque hay muchas personas y centros involucrados en cada avance.
La técnica permite llevar a cabo una especie de microcirugía en el genoma para cambiar genes específicos con facilidad y precisión, y diseñar animales y seres humanos a la cartaEs exactamente lo que ha sucedido en este culebrón. Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, las dos biólogas que descubrieron el principio que da forma a la técnica, han sido premiadas por el desarrollo de CRISPR con casi 2,5 millones de euros cada una.
Pero es Feng Zhang, el investigador que por primera vez utilizó la técnica en células animales, el que posee la mayor parte de la patente, y el que es más susceptible de obtener pingües beneficios en el futuro.
Para revolverlo todo aún más, cada uno de estos tres investigadores ha fundado una startup (o bien vendido sus derechos a alguna). Y detrás de ellos hay una maraña de universidades que quieren su parte del pastel, en un episodio en el que nadie se atreve a dar declaraciones, y donde hay mucho capital de riesgo invertido.
Muñoz considera que, por supuesto, las técnicas de laboratorio son patentables, aunque cree que actualmente ya no tiene mucho sentido hacerlo. “Parece que hoy en día el único valor es el dinero, y así es muy difícil generar debates y acuerdos sobre estos temas", aclara.
Dos monas con la llave de la edición génica
Mingming y Lingling son dos gemelas de macaco muy especiales. Nacieron en noviembre de 2013, pero no saltaron a la fama hasta febrero de este mismo año, cuando sus creadores las anunciaron a bombo y platillo. Las crías eran las primeras primates en haber nacido con su genoma modificado por la nueva técnica.
Hoy en día la investigación tecnológica es tan compleja y requiere tantos pasos que su protección intelectual es muy complicadaPero, ¿qué tiene de especial CRISPR? La técnica permite llevar a cabo una especie de microcirugía en el genoma, para cambiar genes específicos con facilidad y precisión. Esta versatilidad se traduce en la oportunidad de diseñar animales y seres humanos a la carta como nunca antes había sido posible.
De esta forma se podría diseñar, por ejemplo, un mono con esquizofrenia o alzhéimer que sirviera para investigar mejor esta enfermedad. Y la edición aplicada en seres humanos, a pesar de todos dilemas éticos, evitaría el nacimiento de personas con enfermedades genéticas.
Mientras que otros métodos funcionan a lo bruto, porque colocan nuevo material genético en puntos al azar, CRISPR permite borrar y editar con una precisión de ensueño. En teoría, esto significa que se podría reescribir un genoma (primate de momento, humano en el futuro), en su totalidad.
El nuevo método no está exento de polémica, y no solo por su autoría legal. A Pontin le preocupan las “tentaciones” que la técnica ofrecerá. Por ejemplo si se utiliza con fines eugenésicos de dudosa ética, como la “eliminación de la homosexualidad en países retrógrados”. Además, está convencido que alguien mejorará a un ser humano con ella en los próximos veinte años.
De momento CRISPR no ha llegado tan lejos, y todavía tiene mucho camino que recorrer hasta este punto. Pero sí se han logrado crear con éxito nuevos modelos animales y obtener buenos resultados en estudios celulares in vitro contra virus como el del sida.
Patentar el mundo entero
Las patentes son parte fundamental de la investigación. Asegurar la propiedad de un descubrimiento garantiza que sus responsables verán remunerado todo el esfuerzo, tiempo y trabajo dedicado. Sin embargo, en ocasiones crean polémicas que salen de los laboratorios y llegan hasta la calle.
Parece que hoy en día el único valor es el dinero, y así es muy difícil generar debates y acuerdos sobre estos temas“Siempre ha habido mucho debate sobre si se podían patentar los genes”, explica Muñoz. También con los test de diagnóstico para el cáncer de mama, donde “el Tribunal Supremo de EEUU dictaminó que debían ser de libre acceso”. Con los organismos modificados genéticamente sucede algo parecido, aunque aquellos casos con un fin claramente altruista, como el arroz dorado, las compañías liberaron las patentes.
Por estos motivos, y pese a la necesidad de proteger la propiedad intelectual de alguna forma, algunos estudios señalan que las licencias genéticas frenan la competencia,  y por lo tanto la innovación. Habrá que confiar en que los problemas legales que envuelven la CRISPR no retrasen la aparición de nuevos fármacos ni afecten a la investigación farmacéutica en un campo tan optimista.

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